Por Alfredo Bielma
19 de febrero de 2015

Una de las ventajas que en su ya larga historia ha tenido el Partido Revolucionario Institucional es la de contar en cada elección con un buen número de aspirantes, circunstancia que le proporciona la oportunidad de escoger entre los mejores, aunque esto último no siempre se ajusta a la realidad porque en la decisión influyen factores varios, entre ellos, el interés de quien tiene la sartén por el mango para escoger a quien mejor le convenga en lo personal, mirando el interés propio, no el social. Pero el PRI ha tenido esa ventaja, que no la tiene el PAN por razones estructurales ni el PRD la tuvo en sus efímeros años dorados, y ahora que está en vías de extinción menos, porque de estrella del diamante que fue quedará en simple recogebolas.

En el micro universo político veracruzano, adobado por condiciones sociales y económicas adversas, entreveradas con el descrédito de partidos y clase política, carcomido por el hartazgo social, la inconformidad y la irritación social, los tiempos sucesorios se avecinan vertiginosamente y no se advierte en el futuro más cercano un centro de control que sirva de árbitro en lo que vendrá, tanto al interior de la militancia priista como en la oposición panista. En esas circunstancias ningún diagnóstico es estable, mucho menos un pronóstico certero debido a la dinámica de las variables.

El 11 del mes en curso, Imagen del Golfo publicó una declaración del gobernador Javier Duarte de Ochoa, externada ante el cuadro Corporativo de esa casa editorial: “Yo no tengo candidato para la gubernatura del Estado de Veracruz, el que esté mejor posicionado es a quien apoyaré” (…) continúa la nota: Alberto Silva, Adolfo Mota, Erick Lagos y Jorge Carvallo “recibieron en una reunión la notificación que no figuraban dentro de su esquema político, considerando que será el nivel de su posicionamiento la última palabra, a pesar del dominio popular que llegaren a tener la decisión final será del Presidente Enrique Peña Nieto, líder moral del Partido político en el poder”.

Con las reservas del caso, se entiende que el gobernador ha reflexionado sobre la mecánica implementada por el PRI en la decisión de sus candidaturas en otras entidades federativas y por lo mismo actúa en consecuencia, ajustándose al procedimiento que el estilo presidencial impone. En esa tesitura, todo puede ocurrir, desde el localismo empobrecedor hasta la señal del dedo flamígero del presidente de la república. Esto, claro, en lo que corresponde a la candidatura del PRI, en donde la caballada es abundante. El PAN hará lo suyo y, dependiendo de los resultados electorales del cinco de junio próximo, si MORENA crece estará en la trilogía de la elección en 2016. El PRD y los demás partidos acudirán a esa justa electoral como las rémoras acompañan al tiburón.

En el PAN, la figura es Miguel Ángel Yunes Linares, cuyos momios políticos son relevantes y a quien la clase política en el gobierno veracruzano, por alguna razón, no puede ver ni en pintura. Si logra sacar una candidatura de unidad, sin las tradicionales divisiones previas a la designación del abanderado, que dejan a este partido como las puyas a los toros del rodeo menguados de su fuerza original para ser toreados con ventaja para el torero, entonces el blanquiazul adquirirá una extraordinaria pujanza, pues aprovechará las condiciones de inconformidad y de irritación social por cuanto está ocurriendo en la entidad.

En cuanto al PRI, son varios los precandidatos, pero como siempre se reducen a tres o cuatro con auténticas posibilidades; en la nómina aparecen los candidatos “locales”: Erick Lagos, Adolfo Mota, Alberto Silva y Jorge Carvallo, en orden de probabilidades las de este último los supera si impera la lógica de que será el presidente quien decida la candidatura.

En otro orden están los legisladores, dos senadores y un diputado: José Yunes Zorrilla, Héctor Yunes Landa y el diputado Alejandro Montano Guzmán, los tres cabildean en el nivel federal y su correlación de fuerzas respecto del poder local es de diferente calibre. Sus respectivas credenciales en el orden del currículo político los avalan como actores de experiencia, están curtidos en la cosa pública, la diferencia es el estilo de cada cual. Lo que ocurra en lo sucesivo de cara a la candidatura dependerá de una mezcla de estrategias propias y las que vengan de fuera.

El senador José Yunes Zorrilla, un hombre de carácter recio, bien encubierto por una tersura en el delicado trato, es un pre candidato con el perfil idóneo, reúne lo que se requiere en la cosa pública para conseguir el crecimiento y el desarrollo socioeconómico que necesita Veracruz. No pocos quisieran verlo tirando golpes a diestra y siniestra, con el cuento de “demostrar carácter” pero el dominio sobre sí, la disciplina de carácter lo han mantenido ecuánime aún en las crisis políticas más difíciles, lo ejemplifica cuando el fuego “amigo” lo defenestró en la candidatura al senado en 2006 para anular sus posibilidades en 2010. Como el Ave Fénix, resurgió en encargos de importancia política local, es conocido y reconocido por su gentileza y templanza política; lo confirmó en el 2010 cuando demostró ponderación política ante la convocatoria para acompañar al candidato al gobierno del estado en su campaña de proselitismo electoral y no se duda que aportó un buen capital político para que el PRI resultara vencedor en aquella difícil consulta electoral. En no pocas ocasiones la bonhomía oculta la reciedumbre de carácter; ha probado la amargura de la derrota, ¿qué político completo prescinde de ella? Visto desde fuera todo ha sido miel sobre hojuelas, sólo la subjetividad conoce la amargura de ciertos tragos cuando se hace camino al andar.

Héctor Yunes Landa, es un actor político cuya enjundia y actitud lo han caracterizado como de pronta respuesta, responde al primer testereo, tiene sin embargo una mecha más larga que su consanguíneo panista y no pocas veces ha tenido sinsabores políticos. Vivió la experiencia de perder una candidatura a diputado y resarció los números con mucha ventaja al reintentar la diputación en 2007 y obtuvo la más alta votación respecto de los demás distritos en la entidad. En lo inmediato, dos episodios consecutivos lo han puesto en la tesitura mediática: el 7 de enero cuando expresó públicamente su inconformidad respecto de un periodo de gobierno de dos años como producto de una homologación “necesaria”; y la semana pasada cuando se vio obligado a explicar su nula participación en la designación de Yolanda Gutiérrez, de su equipo político, en la Secretaría de Protección Civil del gobierno del estado. Por cierto, este, es un evento que levantó olas en su entorno, pues como él bien lo sabe, una percepción así sea errónea difícilmente la borran las palabras. ¿Qué medió en ese nombramiento? ¿Es una estrategia finamente diseñada para bajarle los decibeles de cuanto exprese respecto del gobierno, o es un puente de entendimiento para el desagravio precedente? Sin embargo deja constancia: “Honro mi palabra. Preservo mi independencia. He ejercido, ejerzo y ejerceré siempre, mi libertad”.

Alejandro Montano Guzmán, como los anteriores es de todos conocidos, su desempeño como Secretario de Seguridad Pública lo ubicó como factor de decisiones en el gobierno de Miguel Alemán Velasco; ocupó el lugar de la paradoja porque Miguel Alemán no quería repetir el formato de un “hombre fuerte”, como en el gobierno de Chirinos, y por tal razón nombró a un personaje con calidad moral pero sin relevancia política en la Secretaría de Gobierno. Sin embargo, por el efecto de los vasos comunicantes, en política un espacio vacío pronto es ocupado, tal fue el caso de Alejandro Montano en el periodo 1998-2004, que se convirtió en el “hombre fuerte” de ese gobierno. El finalizar la administración alemanista figuró como precandidato al gobierno, en un valor entendido porque bien sabía que su jefe trabajaba la carta de Fidel Herrera. Tras de aquella experiencia, en el gobierno de Fidel Herrera Montano lideró durante más de un año la legislatura local, pero el gobernador requería un control sin tener que explicar y no era por allí. Lideró la CNOP y en buena medida resucitó ese sector, convertido ahora en un espantajo político. Actualmente, como diputado federal, Alejandro Montano preside la Comisión de Desarrollo Social, una posición estratégica que le permite mayor movilidad y la vinculación con fuerzas sociales y políticas. Como Pepe y Héctor, Montano no oculta aspiraciones: “Hoy guardo tiempos, pero estoy trabajando por la de dos”, le dijo en sustanciosa entrevista a Edgar Hernández y adelanta que va con todo.

José Yunes Zorrilla, Héctor Yunes Landa y Alejandro Montano Guzmán tienen una coincidencia en común (y en eso concuerdan con Miguel Ángel Yunes): son “echados para adelante”, amigos de sus amigos, hablan de frente y claro, un corte diferente del político tradicional que cuando dice sí, es que no. Ninguno de los tres ha hablado con despecho de una gubernatura de dos años, la oposición a ese supuesto ya convertido en una realidad legal, se basó en las condiciones socioeconómicas por las que atraviesa Veracruz, que no configuran el medio más apropiado para un periodo tan corto.

A vuelo de pájaro este es el retrato de hoy, mañana quizá será diferente, porque será otro día.

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