El columnista Ricardo Alemán escribe este día en el periódico El Universal: “el parricidio es —como se sabe— el poco común asesinato del padre. El parricidio político, en cambio, es práctica común en la lucha por el poder, en donde los hijos suelen matar al padre con tal de alcanzar sus ambiciones de poder. Más aún, la peculiar política mexicana es un tratado sobre el parricidio político, empezando por el sacrificio sexenal que suelen ofrecer los presidentes entrantes, de su antecesor y padre político, al que en no pocas ocasiones cuelgan en la plaza pública. Sin embargo, la llegada de la democracia y la competencia real por el poder presidencial, inauguró en México modalidades nuevas de parricidio político”.