Por José Luis Ortega Vidal
20 de febrero de 2015

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¿Agoniza el corporativismo mexicano?

 

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El líder sempiterno de la CTM en Coatzacoalcos: Carlos Vasconcelos Guevara, sueña con ser Alcalde en la antigua población de Puerto México.

Nunca lo será.

Y quizá, el llamado cacique obrero del municipio donde se asienta el más importante corredor petroquímico de México, no entienda y nunca entenderá por qué está imposibilitado para convertirse en Presidente Municipal.

Vasconcelos Guevara es un hombre muy rico. Durante años, el control sobre la Confederación de Trabajadores de México (CTM) -uno de los sectores en el andamiaje del PRI desde su fundación, junto al campesino y el popular (alguna vez, también el ejército)- le ha permitido hacerse de contratos exclusivos de mano de obra en los más destacados proyectos de inversión pública y privada de Coatzacoalcos y municipios aledaños.

Los acuerdos incluyen no sólo mano de obra sino áreas como el transporte de personal, acarreo de material para la construcción y proveeduría.

El líder cetemista impulsa espacios para el beneficio social: un centro de rehabilitación y transporte para discapacitados, así como albergue para familiares de enfermos sin recursos económicos.

Estas acciones, empero, contrastan con el equipo humano de seguridad que le rodea doquiera que vaya; con la residencia de lujo en el centro de la ciudad siempre vigilada por guaruras; con los vehículos siempre nuevos que tienen a su servicio; con el enriquecimiento personal liderando uno de los sectores más pobres de nuestra sociedad: la clase obrera.

 

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Es fama pública la “generosidad” del líder cetemista con periodistas.

Chayote hay para el que lo pida y son numerosos los casos de quienes utilizan el oficio para tales menesteres.

Administraciones van y vienen pero la CTM siempre tiene una Regiduría en el Cabildo de Coatzacoalcos.

Líderes sindicales o de organizaciones gremiales ligadas a la CTM pueden arribar a estos cargos siempre que tengan el visto bueno de Carlos Vasconcelos, identificado popularmente como “la amenaza”.

 

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De bajo perfil el líder cetemista más importante en el Sur de Veracruz habla poco ante medios de comunicación.

Casi no se ve. Nomás se siente.

Estamos ante una contradicción: Carlos Vasconcelos Guevara, líder de la CTM -uno de los brazos corporativos más importantes del PRI desde la década de los 30s en el siglo XX mexicano- sigue siendo un hombre influyente pero su acceso a ciertos espacios del poder como la Presidencia Municipal de Coatzacoalcos, le está negado a él así como –parcialmente- se están cerrando los espacios de influencia a sus condiscípulos del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

Igual que sucede con la CTM, en lugares como Coatzacoalcos y Minatitlán las secciones 11 y 10 del sindicato petrolero han tenido históricamente –y tienen- posiciones de poder que surgen del control sobre la masa de trabajadores bajo su representación –traducido en votos a favor del PRI y dinero en efectivo con el que subsidian proyectos electorales, ofrecen aspirinas ante los reclamos sociales de sectores marginados y brindan aportaciones al enriquecimiento de aliados políticos-.

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Sergio Martínez Mendoza, de origen oaxaqueño y convertido en el hombre fuerte del sindicato petrolero en el Sur de Veracruz, entre los años 60s y 70s, fue el único líder del STPRM en esta región que se convirtió en Senador.

Tomó parte de la L Legislatura en el período 1976-1982.

Durante su liderazgo, cuentan añejos testigos, los líderes petroleros del sur veracruzano y Tabasco, acudían a “comelitonas” en su palapa de “El Jagüey” y entregaban talegas de dinero, de mucho dinero, al líder, el cacique.

Se cuenta la anécdota de Salvador Barragán Camacho llegando a bordo de un automóvil de lujo, acompañado por dos modelos que trabajaban como imagen voluptuosa en la publicidad de la cerveza Superior.

Barragán Camacho –“gente de todas las confianzas” de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, arribaba a Minatitlán con sus “rubias superior”.

Aquel añejo desplante de exceso, corrupción, basado en un poder inconmensurable de los petroleros contrasta hoy con la declaración de Emilio Lozoya -director general de PEMEX en el México del 2015- quien ha anunciado el pasado miércoles 18 de febrero que “habrá recortes de personal” debido a la caída de los precios internacionales del petróleo.

Algo hay de eso, claro, pero la reducción de personal en PEMEX se debe también a que la empresa se está privatizando aunque el gobierno de Enrique Peña Nieto no lo admite y no lo admitirá porque la ex paraestatal forma parte fundamental del imaginario colectivo mexicano.

La llegada de un cuarto complejo petroquímico a Coatzacoalcos de parte de las empresas BRASKEM-IDESA es otra prueba de la privatización de PEMEX.

El desmantelamiento gradual del Complejo “Pajaritos”, el más importante de los tres con que cuenta PEMEX en el Sur de Veracruz, es una demostración más de la entrega del sector energético al capital privado.

Y este escenario, desde luego, disminuye gradualmente el poder de influencia del STPRM.

 

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En términos de Política de Estado, que nos remite a la estructura de poder del Estado, que en México nos lleva al PRI y su historia, la privatización significa el final del corporativismo aplicado en nuestro país a partir de la Post Revolución y hasta los primeros años del siglo XXI.

No hablamos de la desaparición del Corporativismo, para responder a la pregunta que abrió este texto.

Hablamos de la evolución del Corporativismo Mexicano.

Y esa evolución incluye el debilitamiento político de la clase obrera y de sus liderazgos sindicales.

Pero también incluye el debilitamiento del sector campesino, el primero y más afectado por el modelo económico neoliberal que se asienta en México desde hace más de tres décadas.

Esta circunstancia explica, por ejemplo, la renuncia de Constantino Aguilar al PRI y su lanzamiento como candidato a diputado federal en Xalapa, bajo la sigla del PRD:

Los perredistas de Rogelio Franco –rojos, por cierto- tratarán de cachar algunos de los restos de un corporativismo campesino desmantelado, desdeñado y muy bien representado por Constantino, alguna vez líder de la CNC que hoy agoniza.

Habló aquí de una coyuntura histórica y de cómo algunos de sus protagonistas –desde la estructura del poder- se acomodan ante una evolución política de la que ellos mismos, muchas veces, no son conscientes.

Tema aparte es hablar, en lo individual, de personajes con trayectoria nefasta como Constantino Aguilar. Tema aparte, será hablar de sus posibilidades de triunfo. Tema aparte es hablar de agotamiento del modelo de partidos en la democracia participativa en México. Tema aparte es hablar del fracaso del PRD como ente que mal representa la llamada izquierda nacional, etcétera…

 

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En el desmantelamiento del corporativismo mexicano se ubica la razón por la que Carlos Vasconcelos nunca será Alcalde de Coatzacoalcos.

El contexto, la estructura, los fines para los que fue creado el modelo corporativista que Vasconcelos representa, ya no es útil a los actuales hombres y grupos del poder en México.

Los sindicatos, pues, alguna vez fortalecidos por el Estado hoy son desmantelados porque han dejado de ser útiles al sistema que nos rige.

Hay otras formas de hacerse de sus votos y sus cacicazgos se dejan envejecer, se les dan cuotas mientras mueren pero ya no se renuevan.

Obviamente, hay de fondo, también, el fortalecimiento de un modelo y régimen económico donde la gente se convierte en cifras, pero eso merece análisis aparte.

Estamos ante una condición histórica que se repite y se agudizará en plazas como Poza Rica y en estados como Tamaulipas, Hidalgo, Campeche, por el lado petrolero.

 

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Lo mismo ocurre en el país entero y en el Sureste de la República, por el lado de los campesinos.