Por Atticuss Licona
04 de febrero de 2015

Más nos valdría ignorar la televisión como lo hace mi hermana Chuchita la arquitecta, quien apenas hoy, y por casualidad, se enteró del ominoso caso de la Línea 12 del Metro. Al principio me infarté, porque en mi cuadrada mente de ingeniero no hay otra forma de vivir que no sea el vivir enterado; vivir estando actualizado es la condición sine qua non para no ir por las calles como zombies africanos preocupados por dónde estará el pobre Pedrito Fernández que se fue a buscar a una muchacha hasta el fin del mundo.

Sin embargo, la arquitecta tiene razón, porque el tira tira televisivo está bastante rudo y cada vez que veo y escucho las declaraciones de Agustín, la gacela, Carstens, o del simpatiquísimo Luis Videgaray, me queda la cara de topo deslumbrado. Nos tienen lampareados, atejonados en un rincón de nuestros domicilios para que no olvidemos la cantaleta Vamos bien y viene lo mejor. ¡Ay Dios! Por qué seremos tan ingenuos los mexicanos que hasta invitamos a Hernán Cortés a que le pasara a lo barrido. Mire Don Hernán, dijo el confiado Moctezuma, aquí tiene su casa, venga cuando guste y le invito un robalito recién traído de Tuxpan que es la playa más cercana, con confianza, aquí tiene mi casa que también es suya, aquí tiene a mis chalanes que también son suyos, aquí tiene a mis trescientas esposas para que lo regañen como a mí y si trae a sus amigos podemos jugar futbol.

La realidad ha superado a la ficción pues los que nos prometieron que no nos volverían a saquear, los que nos dijeron que ellos sí sabían gobernar y que pondrían a mover a México (puntadota inolvidable), nos advierten a través de cualquier fuente posible que: apriete, apriete fuerte y frunza lo fruncible porque la crisis que viene, el diluvio que viene, no será el simple catarrito de otros tiempos, sino una real influenza hemorrágica.

Pese a eso yo veo a mis compatriotas bien quitados de la pena, y aun sabiendo que estamos al borde del precipicio seguimos sin tomar medidas. Y aquí es donde me pregunto ¿Qué medidas podemos tomar? Porque esos desalmados solo nos dicen que ahorremos, que no hagamos gastos superfluos, y a nosotros después de analizar nuestras opciones no nos queda de otra que tomarnos un Prozac, para que así, cuando menos, estemos como el del chiste, cagado pero tranquilo.

¿Qué le puede recortar en su gasto familiar? Tan solo en Veracruz, si usted trabaja en gobierno, deberá tener presente que en el sexenio anterior hubo cuatro reducciones salariales y en el presente ya hicieron otra disminución del diez por ciento… ¿Qué les falta? ¿Reducir otro diez por ciento? Ya nomás no alcanza.

Pareciera que la losa será pesadísima e inevitable de que se nos venga encima. El dólar por los suelos, el petróleo más barato que el litro de leche, el incremento desmedido de la deuda pública, la falta de liquidez, el incremento de las bases gravables, la inclusión de la informalidad. Todo, todo apunta a que este país se está yendo por el excusado. ¿Qué nos queda? Creo que solo tratar de vivir tranquilos, ya no ver noticias que sólo entristecen, tomar en abundancia té de tila, los que tengan familiares en otro país buscar su acogida, o como dijo Tranquilino, irse a vivir al extranjero… a Guanajuato.

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