Cuando el sempiterno dirigente obrero, Fidel Velázquez Sánchez, fue senador de la república, en tres ocasiones, 1946-1952, 1958-1964 y 1970-1976, al menos en las dos últimas solo asistía a las sesiones solemnes porque prefería atender su puesto en la dirigencia nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), nadie decía absolutamente una palabra sobre esas inasistencias pues todos los senadores eran del PRI y Fidel Velázquez era Don Fidel. Igual hacía don Jesús Yurén (1964 a 1970) quien lideraba la CTM en el Distrito Federal; el senador Galván, dirigente de los Electricistas de la Zona Centro asistía de vez en cuando al senado, nadie osaba exigirles asistencia. Contrario a lo que ahora sucede, y lo observamos con las críticas y admoniciones que recibe el senador panista Ernesto Cordero porque asistió al Super Bowl, un evento celebrado en domingo, pero hasta su dirigente de partido Gustavo Madero lo juzga como “un mal mensaje hacia la sociedad”. Obviamente las críticas no son ocasionadas por una auténtica preocupación por mejorar el desempeño legislativo sino para golpear al adversario.