Por Martín Quitano Martínez
06 de febrero de 2015

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos.

Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

José Saramago (1922-2010) 

Las condiciones se complican, el ya de por si escabroso escenario mexicano ahora tiende a ponerse peor cuando el anuncio de los recortes al gasto público implica perder las supuestas condiciones que aseguraban el éxito de las reformas, el anuncio socava más aún la maltrecha imagen de un gobierno que en poco tiempo ha visto derrumbarse la anunciada fortaleza de su supuesta experiencia que ahora también se encuentra en crisis.

Pese a los discursos que buscan mostrar controles, el descontrol social y público continúa; las cuentas no salen, la economía no levanta, acentuando una crisis alejada de las vías de reversión;  la capacidad política ha dejado mucho que desear, al arroparse cómodamente en el privilegio de utilizar sus viejas prácticas que ya no convencen ni controlan la actual problemática social, que requiere nuevas y frescas alternativas. El modelo tradicional de simulaciones y corruptelas, de discursos vacíos e ineficiencias manifiestas, está más que agotado; ha transmutado a cascarón pestilente de acciones y omisiones que retan el aguante y capacidad de una sociedad cansada y harta.

El ruido social tan notorio, es apenas un silbido dentro del estruendo ensordecedor de la descomposición institucional que se muestra claramente en la falta de cálculo, de sensibilidad, de inteligencia y capacidades, de voluntad concreta para el irrestricto cumplimiento de la ley, prefiriendo moverse en las ficciones creadas desde los cinismos.

De cara a un nuevo proceso electoral las condiciones del debate singuen sin entenderse. Los actores partidarios se presentan ante una sociedad que desconocen, con la que no se conectan ni pretenden realmente modificar. Reducidos sus tiempos de precampaña a la spotización de mensajes con lugares comunes, con diseños propagandísticos que, redundantes, son tan solo referencia de más de lo mismo, porque lo urgente, los profundos problemas nacionales son dejados de lado, sin lograr articularse realmente para un debate interno de cara a la sociedad, reducidos a la simulación de nuevos posicionamientos partidarios.

Las encuestas nacionales siguen dando resultados que desnudan nuestra bipolaridad ser social/ser individual, por una parte se conforma un imaginario de país donde conviven las descalificaciones por los resultados económicos, mientras que en lo individual se presenta la confianza o acaso la esperanza de que nos irá mejor. Del rechazo a la presidencia y su representante se pasa a dar las mayores intenciones de votos a su partido, después manifestar nuestro agotamiento ante las variables sistémicas de corrupción e impunidad para después, en lo personal  favorecerlas si ello nos supone una mejora o privilegio.

La revisión de nuestras responsabilidades bien valdrían la pena; nuestras actuaciones en el marco de los problemas que nos son comunes tendrían que marcar las obligaciones que nos vuelvan ciudadanos de verdad. La cómplice actuación de voltear la cara y no cumplir con nuestros adeudos republicanos conlleva a favorecer la deconstrucción de las condiciones para salir de un hoyo que pareciera estamos haciendo más profundo con nuestras omisiones.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Hay Festival o la crisis de una realidad que trasciende.

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