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Luciano Hernández contrató un paquete de velación e incineración para su difunta esposa, Aremis Palacios, víctima de leucemia. Pero la funeraria, a la que le pagó 12 mil pesos por esos servicios, envió el cuerpo a Cremaciones del Pacífico SA de CV, donde la madrugada de este viernes fueron encontrados 60 cadáveres embalsamados de personas que perdieron la vida hace más de seis meses, según los peritos.

El hallazgo de estos cuerpos, algunos casi momificados, en el crematorio ubicado en Llano Largo de este municipio, provocó que cientos de familiares llegaran durante todo el día a la Fiscalía Regional de Acapulco a solicitar más información y pedir que les dejaran ver los cuerpos o restos para saber si se trata o no de sus familiares. Asimismo, que les realicen pruebas de ADN para determinar si sus familiares no fueron cremados.

Luciano Hernández recordó que él contrató los servicios de la funeraria Salgado, en la colonia Las Cruces, el 17 de enero de 2014, y ahora no tiene la certeza de que las cenizas de la urna que le entregaron sean las de su esposa, de otro muerto o sólo un puño de tierra.

Mencionó que de la funeraria Salgado lo condujeron a él y a su hija al lugar donde incinerarían a su esposa, pero trabajadores de Crematorios del Pacífico le dijeron que por indicaciones de la Secretaría de Salud eso no podía ser.

Este viernes se enteró que en ese lugar hallaron 60 cuerpos, y piensa que entre éstos puede estar el de su esposa. Tanto la funeraria como el crematorio lo engañaron, señala.

La duda

La misma duda asalta a Nelly Jiménez, quien contrató en la funeraria Manzanares, en Acapulco, el servicio de velar y cremar el cuerpo de su esposo Rodolfo García, quien falleció el 8 de abril de 2014. Ella llegó con su acta de defunción para que la dejen identificar los restos de quien fue su cónyuge. Ella, dijo, colocó las cenizas en una bóveda del panteón municipal.

A las 13 horas de este viernes la Fiscalía General del estado confirmó el hallazgo de los 60 cuerpos en ese crematorio ubicado sobre la carretera Cayaco-Puerto Marqués, colonia Navidad. Entre los cuerpos hay los de hombres, mujeres y niños.

Casi a las tres de la tarde, el titular de la dependencia, Miguel Ángel Godínez Muñoz, ofreció una rueda de prensa en la que informó que se inició la averiguación previa TAB/COL/01/0051/2015 contra quien resulte responsable, por la posible comisión de los delitos contra el respeto a los cadáveres o restos humanos, contra las normas de inhumación y exhumación y por atentado contra los muertos, previstos en el Código Penal del estado.

La dependencia identificó al propietario del crematorio como Guillermo Estua Zardáin. La fiscalía ya lo busca para que responda por este asunto, dijo Godínez Muñoz. Se pidió apoyo a las corporaciones nacionales e internacionales para dar con su paradero.

Dijo que ya se localizaron dos de sus domicilios: uno que aparece en su credencial de elector es calle Castillo Breton, fraccionamiento Costa Azul de Acapulco, pero cuando fueron a buscarlo no lo encontraron.

Los 60 cuerpos fueron trasladados al Servicio Médico Forense para que mediante estudios de genética, criminalística de campo, además de fotografía, antropología, medicina y odontología forenses se podrá establecer la causa legal de la muerte y así determinar, mediante el cronotodiagnóstico, la fecha y hora probable de su deceso.

Este crematorio, dijo, dejó de pagar impuestos hace tres años, según información de las secretarías de Hacienda y de Salud. No descartó el delito de fraude.

También fue llamada a declarar la presidenta de la Asociación de Funerarias del estado, cuyo nombre no reveló, para que presente los expedientes de todas las personas que enviaron a ese crematorio de año 2013 a la fecha, para determinar el tipo de persona, sexo y nombre, y que pueda realizarse la identificación y la comparación genética.

El gobernador Rogelio Ortega Martínez descartó que el crematorio tenga relación con algún grupo de la delincuencia organizada. Se trata de una agencia de incineración, con absoluto registro y con absoluta irresponsabilidad y fraudulenta (sic), sostuvo.

–Trabajaba de manera irregular?

–Absolutamente. Las familias al fallecer llevaban a sus difuntos para que se cremaran y no les entregaban las cenizas de sus deudos, sino que los iban acumulando ahí –sostuvo durante un acto efectuado en Chilpancingo.

El hallazgo se produjo debido a que el propietario del terreno –quien se lo rentaba a Guillermo Estua Zardáin– solicitó primero a la policía estatal, que no le hizo caso, y después a la Gendarmería Nacional, que fueran a ver qué había y a limpiar su predio.

Una hermana del propietario narró que fue hasta la noche del jueves que llegaron; sé que esta vez mi hermano le pidió a la Gendarmería, pero no me explico por qué vinieron de noche. Llegaron como a las 21:30 del jueves y se retiraron a las 1:30 horas de este viernes. Sé que se levantó un acta, pero él no tiene nada que ver en ese negocio, deslindó.

La mujer recordó que a principios de 2014 sus vecinos comenzaron a quejarse de que cuando cremaban un cuerpo salía humo negro, olía feo y se esparcía por la localidad, por lo que varios fueron a quejarse al ayuntamiento y con policías judiciales del estado para que cerraran ese negocio, lo que ocurrió a principios de 2014.

Poco antes, personal de Salud municipal encontró que no cumplía las reglas y le impusieron una multa muy alta, lo que aunado a las protestas provocó que Estua Zardáin abandonara su negocio y así estuvo cerrado casi un año.

Los policías colocaron sellos en el crematorio –que desde fuera parece prefabricado– y dejaron una guardia de seis elementos de la Gendarmería.

(Con información de Sergio Ocampo)

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