Allá por la década de los rocanroleros 60 del siglo XX, brillaban en la política obrera de México Fidel Velázquez, ya para entonces “viejo” líder de la CTM, y Jesús Yuren, su gran compañero de luchas sindicales dirigiendo la CTM en el Distrito Federal; se hablaba ya de un personaje que lindaba con lo folclórico, “perfumado”, que acababa de emparentar con don Jesús convirtiéndose en su yerno. Era Joaquín Gamboa Pascoe quien por ese parentesco logró para sí varias diputaciones y cuando faltó su suegro se hizo cargo del negocio cetemista en la capital de la república. Por derivación de las circunstancias Gamboa Pascoe ahora está a cargo de la CTM nacional y acaba de develar en el edificio de esa central obrera una enorme estatua que lo representa, en su discurso, casi a punto del llanto, recordando a Fidel Velázquez, en su lirismo dijo: “en la CTM vivimos con nuestros muertos, no los olvidamos, sabemos lo que les debemos…”. Claro, la estatua de Don Fidel es de menor tamaño que la del vivo dirigente, así se hacen los mitos.