Por Silvia Núñez Hernández
O6 de febrero del 2015

En una caravana policiaca, arribó al Tejar, municipio de Medellín de Bravo con los restos de Moisés Sánchez Cerezo, su único hijo, Jorge Sánchez Ordóñez quien proveniente de la ciudad capital encontró que dentro de su domicilio había un gran número de personas esperando a su padre para los actos velatorios. A las afueras, un gran número de elementos de la “Fuerza Civil” se apostó en la zona, quienes controlaban ambos accesos de la calle a Violetas de la colonia Gutiérrez Rosas. Con la instalación de conos, limitaba la vialidad, con la finalidad de cuestionar a quien intentaba accesar a la calle. Dicho acto, enrarecía el ambiente del velorio del colega periodista.

Al arribar al lugar, encontré a Jorge Sánchez Ordóñez abrazado a su madre, quien se quebró en su totalidad en el momento de recibir el cuerpo de su pareja. Totalmente desconsolada, escuchaba las alabanzas religiosas de su grupo religioso, las cuales no únicamente la cimbraban a ella, sino que penetraban como puñales en la conciencia de quienes acompañábamos a la familia en tan difícil suceso.

Alrededor del féretro, había diversas fotografías de Moisés Sánchez Cerezo y únicamente dos ofrendas florales, que a través de ellas mostraban su sincera y absoluta solidaridad de quienes las entregaron. Una de ellas con una leyenda que decía: “A la memoria de nuestro compañero periodista, Moisés Sánchez Cerezo (…) Atte. Art. 19”. La otra, llevada con el esfuerzo de los jóvenes fotoperiodistas quienes desde su sustracción forzada, permanecieron solidarios con la familia. En su ofrenda se leía: “Gracias Moisés. Pasión, Periodismo. No Callaremos” y alrededor de su féretro, yacían las flores que familiares y amigos, le llevaron para su último adiós.

El dolor voló en el aire. Era inevitable que los ojos no se llenaran de agua para disimuladamente intentar reprimirlas. Era absurdo hacerlo. Se pretendía aparentar una fuerza que estaba lejos uno de sentir, nada pudo evitar que nuestras lágrimas fluyeran.

Intentando entretenerme con el contexto y así disuadirme a no reflexionar sobre la persona que se encontraba dentro del ataúd, pude observar las carencias económicas en las que se encontraba Moisés Sánchez Cerezo, pero que no le impedían invertir lo poco que ganaba en la “ruleteada” de un taxi, para dedicarle tiempo a la publicación que usualmente ponía en circulación su localidad con el nombre de “La Unión”: La Voz de Medellín.

En un pequeño discurso, Jorge Sánchez Cerezo –su hijo que nunca cesó de buscarlo vivo– agradeció a las personas su asistencia. Enalteció las muestras de solidaridad que sus vecinos habían mantenido en todo este tiempo y también por la organización para poder convidar a los presentes, tamales, caldo de pollo, café de olla y té, que al final hicieron acompañar con una pieza de pan. También agradeció a los periodistas que asistimos, pero sobre todo, enalteció la firmeza de su padre y la pasión que invertía para aportar su granito de arena ante las carencias del municipio y la corrupción de los gobiernos municipales y estatales –pese a las críticas constantes de hasta su propia familia, quienes le sugerían que parara de publicar las carencias existentes en el municipio.

Esta noche fue emblemática para el periodismo veracruzano. Este día –05 de febrero pero del 2014– Gregorio Jiménez de la Cruz fue igualmente sustraído de su vivienda en Villa Allende, municipio de Coatzacoalcos. Este mismo día –pero en el 2015– el cuerpo inerte de Moisés Sánchez Cerezo se encuentra siendo velado en el Tejar, municipio de Medellín. Ambas familias, lloran en este momento la ausencia de su ser querido, derivado de un cúmulo de factores y corruptelas que propiciaron que un comando armado haya sido enviado en ambos casos para acabar con sus existencias.

En ambos, la impunidad y la falta de ética del gobierno duartista se ha puesto de manifiesto. La simulación casi imperante en sus acciones. Ambas llenas de las más pueriles actos y banalidades, donde la campaña de descrédito pagada  a sus fieles lacayos de la pluma, no se inhibieron para publicar en sus oficialistas medios las más horrendas versiones.

Lo peor es que estos enanos políticos piensan que su poder logrará que la justicia divina no les llegue en un momento. Qué algún día se ponga fin a sus frustrantes existencias de la forma más caótica. Afortunadamente para todos los que hemos padecido de su inmundicia, podemos contar que en su pecado llevarán la penitencia y poco a poco la degradación interna en la que se encuentran, acabará con ellos de la manera que se merecen: cómo unos gusanos.

 

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