José Luis Ortega Vidal
17 de febrero de 2015

(1)

No es posible pensar en las elecciones federales del próximo 7 de junio sin traer a la mente –a un tiempo- :

  • La inseguridad que se ha apoderado de México
  • Las Reformas Estructurales que Vicente Fox intentó llevar a cabo y no pudo porque el Congreso de mayoría priista se lo impidió.
  • El alto costo humano, económico, social, político que hemos pagado y pagamos día con día por el plan de combate al crimen organizado que dio inicio el 11 de diciembre del 2006 con Felipe Calderón y se ha extendido durante los dos años del gobierno de Enrique Peña Nieto con un solo resultado: el fracaso.
  • El dolor inagotable por Ayotzinapa y la “verdad histórica” de la PGR que se desvanece bajo argumentos técnicos y científicos de los peritos argentinos; por la falta de credibilidad del sistema entero de procuración de justicia en el país; ante la opinión de científicos mexicanos; frente a investigaciones rigurosas sobre los hechos de parte de periodistas nacionales y –entre otras variables- por el sentido común y porque los mexicanos seremos corruptos e impunes pero no somos pendejos.
  • Un inicio del 2015 que en Veracruz resulta espantoso, propio de una obra de Dante Aliguieri: por el asesinato del taxista, activista social y periodista Moisés Sánchez; por el hallazgo de fosas clandestinas en Coatzacoalcos y Hueyapan de Ocampo- donde se suma el secuestro de tres maestros; por el incremento de feminicidios y secuestros. Las fosas de la colonia Veracruz en Coatzacoalcos abonan con una víctima reconocida oficialmente: la joven madre soltera Sofía de los Angeles Acosta, cuya muerte se suma a la de otra mujer, otra joven, otra madre soltera asesinada por su pareja en Cosoleacaque y de nombre Karen Román Regalado; a quienes se añade una trabajadora de Petroquímica Cosoleacaque, secuestrada el pasado 4 de febrero; entre otros –muchos, muchísimos- crímenes desde el Pánuco hasta el Tonalá.
  • Las dudas múltiples, diversas, todas fundamentadas en el contraste de los datos. Dudas que surgen de lo que la población vive: por el familiar perdido, por el reporte de la prensa sobre el número de muertes frente al boletín oficial que disminuye –siempre- las cifras o de plano no habla sobre el tema; por la información que ni la prensa publica por temor, precaución, falta de acceso al lugar de los hechos.
  • Un ejemplo se suscitó la última semana de enero pasado en Tilapan, municipio de Chacaltianguis, donde la presencia de perros entrenados para buscar víctimas, junto a elementos del ejército y policías federales que eran solicitados por personas en búsqueda de familiares desaparecidos se contrastó con la afirmación del Fiscal Luis Angel Bravo en el sentido de que ahí no había fosas clandestinas.
  • Frente a las escenas evidentes de búsqueda de cadáveres la ciudadanía debe creer, así nomás, lo que afirma el Fiscal…porque él lo dice. Y ya.
  • Más dudas: en el Coatzacoalcos de las inversiones que deberían estar llegando junto a la privatización de PEMEX –aunque los discursos eufemísticos de la Reforma Energética lo definen en otros términos- no llegan empleos ni inversiones privadas ni federales ni estatales del nivel que se preveían- pero aparecen fosas y los datos se recaban a hurtadillas, como el armado de un rompecabezas que deviene rumor.
  • Es un hecho que dos hombres que cavaban su tumba la noche del 4 de febrero y fueron salvados de milagro por el Mando Unico, declararon un dato que escucharon de sus captores: que en las playas del viejo Puerto México hay como 100 cadáveres.
  • ¿Fue la bufonada de un cruento asesino? ¿Los hombres que vieron de cerca el rostro de la muerte y milagrosamente pueden narrar su experiencia alucinan como consecuencia del miedo que vivieron?
  • Es un hecho que gracias a esas personas rescatadas se ubicaron fosas clandestinas en la playa frente a la colonia Veracruz. Ahora: ¿los cuerpos de seguridad nomás abrieron 15 fosas y dejaron muchas más sin abrir para evitar un escándalo mayúsculo en tiempo de elecciones?
  • Esta última hipótesis nos remite a la afirmación del sacerdote Alejandro Solalinde en el sentido de que el Obispo de Córdoba le informó sobre fosas ubicadas en Veracruz que se mantienen cerradas por razones que mezclan la búsqueda de justicia –de parte de la Iglesia- con afanes de control político de los daños –de parte de las autoridades-.
  • La falta de una política de transparencia, de protocolos profesionales y políticamente responsables en el manejo de la información del Estado, propician la falta de credibilidad, contribuyen al temor, abonan al desconcierto de una sociedad descompuesta.
  • Así estamos en México, en Veracruz y en Coatzacoalcos. Hablo, escribo, sobre un tema que vivo como periodista y como ciudadano. El taxista, el chofer del camión, el ama de casa, el comerciante, incluso el político, el maestro, el estudiante, describen esto que narro. Ellos son mis fuentes, mis vecinos incluidos. Pocos se atreven a decirlo en público, a escribirlo, a externarlo frente a un micrófono, mucho menos a reconocerlo en un acto político; pero todos -hasta a candidatos de todos los partidos políticos- tenemos miedo.

 

(2)

El miedo lo supera todo: incluso las tortas y los refrescos que las generosas campañas han repartido durante décadas en el escenario histórico de la política mexicana.

La gente –todos, incluidos los dadivosos aspirantes a una Curul- sabemos que el paraguas fabricado en China a repartirse en colores que van del tricolor tonalidad cinismo al azul con acabados de hipocresía y el amarillo modelo Abarca, no están blindados.

¿Qué piensan los candidatos y las candidatas del PRI, del PAN, del PRD, de MORENA versión mesías tropical y los seis partidos restantes que viven del presupuesto oficial y corren en tropel detrás de escaños inenarrables?

 

(3)

Es importante hablar de encuestas y de campañas y de discursos y de candidatos y candidatas y de triunfos y fracasos y de proyectos y de política y de congresos y de gubernaturas y de dimes y de diretes…

Sin embargo, opino, es más importante hablar de la vida que un escenario abominable construido por errores de todos: gobierno y sociedad, nos ha arrebatado y nos sigue arrebatando.