Por Armando Ortiz
25 de febrero de 2015

Dice un dicho oriental que sólo al árbol que tiene frutos se le tiran piedras. Por eso no entiendo cómo si todo mundo augura la contundente derrota de Elizabeth Morales en las próximas elecciones federales, le siguen tirando piedras. La candidata del PRI a la diputación federal por el distrito de Xalapa se ha convertido en objeto de hostilidad para los que la malquieren. Los nombres de sus malquerientes son muchos, todos ellos hombres con determinado poder. Hay incluso uno que se la tiene sentenciada porque la hace responsable de su terrible derrota en las elecciones federales pasadas. No sabe este malqueriente que su derrota se debió a que los xalapeños votan por el sujeto, no por el partido; por supuesto los xalapeños tenían muy claro la clase de sujeto que él malqueriente era.

Pero ¿por qué echarle montón a Elizabeth, si como dicen va a perder de todas, todas? Los malquerientes de Elizabeth saben que ella tiene la capacidad suficiente para ganar esta elección. Hasta sus críticos más acérrimos reconocen eso. La vituperan, la insultan, la desahucian pero advierten que es la única que cumple con el perfil de candidata. Elizabeth conoce al pueblo que va a votar por ella. La critican por sus supuestos actos anticipados de campaña,  la denuncian ante las autoridades electorales y ¿qué pasa? Que, como dijera el Chapulín Colorado, todos sus movimientos están fríamente calculados. Elizabeth sabe que los tiempos electorales son un mero formalismo, así que ella, antes de que siquiera fuera designada candidata, ya había echado a andar a sus grupos, ya había activado sus células, ya había puesto sus barbas a remojar.

Los otros candidatos, por su lado, estaban durmiendo el sueño de los justos, disputándose una precandidatura primero, después una candidatura. Para cuando por fin fueron candidatos, Elizabeth ya llevaba un buen tramo recorrido. Es por ello que a los que van a contender en contra de ella sólo les queda el insulto, la bravata soez, baja, vil y despiadada. Lo que no saben es que en la colectividad, el pueblo siempre opta por el vituperado.

Puede uno no estar de acuerdo con un candidato. Puede uno no estar de acuerdo con la misma Elizabeth, las dos veces que me entrevisté con ella noté a una mujer confundida en su necedad, una mujer que difícilmente te escucha, una mujer que se mueve bajo el patrocinio de su verdad. Pero como periodista soy incapaz de insultarla, porque al insultarla me salgo de la circunstancia periodística. No creo que un periodista serio deba valerse de las vilezas de los malquerientes para denigrar al contrincante. Es por ello que nunca he puesto en mi muro los memes que de ella me envían, ni he utilizado apelativos para ella y mucho menos he utilizado de manera gratuita el asunto de sus preferencias; eso sería participar de la vileza de sus malquerientes.

Pues por estar insultándola, muchos se han olvidado de los verdaderos argumentos, las verdaderas razones por las que los votantes deberían dar la espalda a esta candidata. Pero lo más grave es que si los candidatos se suman a este tipo de guerra sucia, ellos también se olvidarán de sus propuestas, que es lo que los votantes quieren conocer de cada candidato.

Le echan montón a Elizabeth porque saben que puede ganar. Lo mismo hicieron con Miguel Ángel Yunes Linares. ¿Acaso no fueron los ridículos diputados del Congreso local a denunciar a Miguel Ángel Yunes a la PGR? ¿Y qué ganaron? Sólo una foto que da fe de su grotesca intentona. Miguel Ángel a pesar de toda la guerra en su contra será diputado federal, pese a quien le pese.

Me parece que con Elizabeth Morales puede suceder lo mismo.

 

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