Director de Industria y Comercio en el gobierno de su paisano Rafael Murillo Vidal, quien lo promovió a la alcaldía de su natal Córdoba en 1970, Héctor Salmerón Roiz transita ya hacia lo desconocido a partir de ayer lunes. Deja un legado moral extraordinario, con una participación en la vida pública paradigmática en todos sentidos; si pretendiéramos definir a un político auténtico, la figura histórica de Héctor Salmerón sería el clásico ejemplo. Rector de la Universidad Veracruzana en el gobierno de Acosta Lagunes, sucedió en ese encargo a su amigo y compañero generacional en las aulas de la UV, Roberto Bravo Garzón, con quien realizó los primeros estudios sobre desarrollo y planeación regional. Hace muchos años se retiró de la vida política en activo, pero sirvió desde su notaría con la bonhomía que lo caracterizó como un buen ser humano; fue asiduo asistente a los conciertos de la sinfónica de Xalapa, un asiento quedará vacío en el Teatro del Estado, pero el recuerdo y ejemplo de Héctor Salmerón trascienden los límites de su tiempo, que en paz descanse.