Hace ya varios meses un funcionario público de alto nivel me ofreció una primicia, tenía información y documentos de las estaciones de radio y otros medios de comunicación que Gina Domínguez había adquirido con dinero del estado. La primicia me entusiasmó mucho, tenía conocimiento de los restaurantes que eran propiedad de Madame Gina, sabía de los medios de comunicación que se decía eran de su propiedad, pero hasta el momento sólo de los negocios restauranteros tenía testimonios de los empleados donde constaba que ella era la propietaria.

Le dije a este funcionario que por supuesto la información me interesaba, pero que requería copia de los documentos para verificarlos e iniciar mi investigación. Me dijo que no podía darme esos documentos, porque se pondría en evidencia a otras personas. Entonces le dije que no, que mi periodismo se basa en pruebas y sin pruebas no habría reportaje.

Recientemente Madame Gina ha vuelto a ser tema en las columnas de los compañeros periodistas. Magda Zayas, quien en algún tiempo laborara con Reynaldo Escobar (sirva la referencia para advertir su calidad como periodista), publicó una nota basada en dichos en donde señala a la señora Gina Domínguez como propietaria de varias estaciones de radio y de otros medios de comunicación. Sólo un nombre anota, un empresario radiofónico de nombre Roberto Altieri, quien como muy puntualmente refiere la periodista Claudia Guerrero en una columna donde trata el asunto, “en la lista de propietarios de señales en la Radio en todo el país, no aparece, ni tampoco, los propios empresarios radiofónicos conocen al tal Roberto Altieri…”.

La columna de Magda Zayas aparecida en periódico Imagen tuvo como respuesta una réplica por parte de la señora Domínguez Colío. En ese documento la señora enumera 3 puntos en donde le basta decir que no es cierto lo que la señora Zayas afirma y con eso queda resuelto el asunto.

¿Por qué tan fácil? Porque la señora Zayas no presentó pruebas, sólo dichos y en un careo sin pruebas la palabra de una de las implicadas pesa tanto como la de la otra; si tomamos en cuenta la ética y la calidad moral de las dos, yo diría que las dos mienten. ¡Vaya paradoja!

Para contrarrestar esa mini embestida que sufriera Madame Gina, a quien acusan de cosas que son del dominio público, procuró una entrevista con el periódico El Dictamen, “decano de la prensa nacional”, en donde como una verdadera víctima enjuaga sus lágrimas en el manto de la comprensión.

“Gina está de vuelta”, corearon sus amigos, cuando antes decían que nunca se había ido; pero claro que se fue. De la Coordinación de Comunicación Social la corrieron a la Secretaría Técnica, es decir a la “oficina de asuntos sin importancia”. Ahí la veía usted de “metetentodo”, tratando de quitarle la silla a Alberto Silva, intrigando en palacio, penando como espectro por los pasillos, aullando su impotencia, abrumada por la nostalgia del poder, queriendo recuperar la influencia que alguna vez tuvo. Pues por andar de metiche la corrieron de Palacio. A Javier Duarte, en un destello de “inteligencia”, se le ocurrió (de ocurrentes está pavimentado el camino del infierno) que la señora Domínguez podría estar bien en la Fundación Colosio, ahí donde no pudiera hacer daño a nadie.

Pues la señora en esa fundación se siente fuera de la administración pública. Ella misma lo dice en la entrevista a El Dictamen: “ahora que estoy fuera de la administración pública debo trabajar para mantener a mi familia, y porque es lo que me gusta hacer”. ¿Acaso no cobra un sueldo en la Fundación Colosio? ¿Acaso es tan altruista que trabaja de gratis? Y esa última frase, digna de “La rosa de Guadalupe: “debo trabajar para mantener a mi familia”; alguien tiene que trabajar para ganarse los frijolitos que sus crías comen, como si no alcanzaran las aviadurías del marido.

Todo un drama el de Gina Domínguez, mujer vituperada por los malos periodistas que nunca la comprendieron, a ella que hizo su mayor esfuerzo por mejorar la imagen de un gobernador al que llamaban “chivo en cristalería”; ella, la magnífica que siempre comprendió a los compañeros periodistas y que se habla de tú con la Libertad de Expresión; ella, la pasionaria que nunca robó un peso, que como dice la familia del gobernador Murat cuando le descubrieron las casas en el extranjero: “todo eso es parte de una herencia”; ella, que es incapaz de un solo acto de nepotismo, aunque tenga insertado a su esposo en varias nóminas; ella, la madre de familia que sufre el reclamo de su hija de seis años; ella, la agradecida, la capaz, la experimentada, la proba, la incólume, hija del infortunio, una estrella más del Canal de las Estrellas.

Como ya me cansé de llorar mejor termino.

Sólo resta señalar que los documentos que prueban la compra de estaciones de radio y otros medios de comunicación por parte de Gina Domínguez, mientras fungía como Coordinadora de Comunicación Social, existen. Están en los intestinos de esta administración. Por lo que podemos señalar que el mismo gobierno de Veracruz solapa y encubre a esta mujer que es evidente se ha hecho millonaria en su paso por la administración pública.

Pero para qué buscarle por las propiedades que ella dice no son suyas. Como en el caso de la “casa blanca” del presidente, que vaya un valuador a la mansión de Madame Gina por La Pitaya, esa casa de la que le robaron nada más y nada menos que 50 millones de pesos, y verán que en cuatro años de sueldo, una persona honrada no puede construir semejante mansión y menos acumular semejante suma.

Para que buscarle tres pies al gato, si sabemos que Gina tiene cuatro.

Armando Ortiz                                                         aortiz52@nullhotmail.com