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Por Miguel Ángel Cristiani G.
26 de febrero de 2015

Durante muchos años en nuestro país, la figura de la corrupción en la función pública estuvo identificada en los agentes de tránsito y los carteros, a quienes se responsabilizaba de cualquier acto que deshonestidad que quedaba al descubierto.

En las geniales caricaturas de Abel Quezada fueron muchas las ocasiones en que dibujaba a policías, agentes de tránsito como la figura emblemática de la corrupción.

A los carteros, porque cuando se descubría algún escandaloso caso de corrupción, no se detenía a los culpables, sino que como chivo expiatorio, se llegaba a la conclusión de que el culpable era el cartero.

En el caso de los agentes de tránsito, era bien ganada su fama pública como protagonistas de la corrupción, porque era común, ver “trabajando” a los uniformados en los cruceros de las calles, deteniendo a un automovilista con cualquier pretexto, para terminar con un “afectuoso” saludo de mano, que llevaba envuelto un billete.

En Xalapa afortunadamente, la verdad sea dicha, ese sistema de extorsión a los conductores fue disminuido cuando su empezó a sustituir a los agentes de tránsito hombres, por jóvenes y bellas mujeres, que ahora están en las esquinas, respetando a los choferes.

El problema ahora es que se ha modernizado el sistema y ahora son las grúas de empresas particulares las que representan un serio dolor de cabeza para la ciudadanía, que tiene que dejar sus vehículos en las calles, en los pocos lugares donde está permitido hacerlo.

No es justificable, que ahora que se destinan millones y millones de pesos para la compra de equipos y vehículos para la seguridad pública, inclusive vehículos de grúas –pero solamente son utilizadas para quitar autos cuando hay algún evento político- no se pueda sacar de circulación a las unidades de empresas privadas, que son las que hacen el negocio millonario, por el número de vehículos que son llevados todos los días a los corralones.

Al respecto, un amable lector del puerto de Veracruz, nos comenta que en la zona conurbada con Boca del Río: “ojalá le sea posible escribir sobre los excesos de arbitrariedad de los tránsitos. El problema es que Duarte se va y nos quedamos los ciudadanos y las personas que trabajan en las diferentes dependencias, como es el caso de tránsito, que cada día son más repudiados por los ciudadanos.

La modalidad es que franeleros y tránsito están en contubernio, ya que los franeleros son los encargados de hablar a tránsito para que se lleven los carros que estén mal estacionados, se los lleva la grúa y se pagan 600.00 para que no lleven el vehículo al corralón y además te dan una orden de pago para que se vaya al banco a pagar.

 

Hasta dónde vamos a llegar con autoridades ratas y corruptas.

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