Por José Luis Ortega Vidal

 27 de febrero de 2015

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Sin el consenso de todos: la participación de autoridades en los tres niveles de gobierno y la sociedad en general, la crisis que vive México en lo social, lo político, lo económico, lo histórico sólo se incrementará.

Entiendo: con una revisión a las estadísticas, a los antecedentes y las perspectivas macroeconómicas del país, que padecemos un problema generacional.

Es decir, los mexicanos nacidos en los años 70s ya traían su crisis bajo el brazo.

Los nacidos entre los 80s y 90s fueron recibidos con felicidad por sus familias mientras nuestra clase en el poder -la política y la empresarial- apostaba el futuro nacional a la firma del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) en 1986 y la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio (TLC) en 1994.

A los presidentes de la época y los ideólogos de este modelo económico les convencía la idea de que incrustar a nuestro país en un escenario de competencia económica mundial con mano de obra controlada, insumos baratos, exportación de aguacates, atún, limones y carne a cambio de importar tecnología ajena, era un camino viable para el desarrollo nacional.

Los mexicanos nacidos en la primera década del siglo XXI fueron paridos junto a teléfonos inteligentes, internet como una herramienta generalizada y más común que un lápiz y un cuaderno; aunque no se han salvado de crecer en un país donde la pobreza cada día es más común.

Nuestros bebés nacidos en lo que va de la segunda década del siglo XXI de plano han llegado a una sociedad que arregla sus problemas a punto de plomazos.

¿Por qué pensar que a estas generaciones nos tocará un mundo distinto?

Queda claro que, expertos como somos en sobrevivir en medio de crisis de toda índole, nos corresponde buscar las salidas respectivas para construir un país que un día vea nacer a la primera generación de mexicanos sin crisis.

Pensar en ellos, en el futuro, es una obligación de los actuales habitantes del territorio falto de democracia, cada día más inseguro y pobre que es México.

 

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¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Cómo salir de ella?

Si bien es cierto se trata de una problemática generacional y sólo saldremos de ella a través de varias generaciones, a la actual le corresponde por lo menos sembrar una semilla para el cambio gradual.

Ya se ha sembrado al respecto y en algunas cosas –el relevo partidista en el poder sería un ejemplo- hemos avanzado aunque sea muy poco.

Por otra parte, hay errores que se repiten sin cesar y es hora de frenarlos.

Echemos un vistazo a la historia reciente desde la perspectiva de algunos elementos económicos y políticos que inciden en lo social:

  • No ha habido un solo Presidente Mexicano -después de Lázaro Cárdenas- que considere al desarrollo social basado en mecanismos justos de distribución de la riqueza como un aspecto prioritario de su labor.

Es decir: garantizar la salud, la educación, el respeto a los derechos humanos, el impulso de la mente mexicana que se debe nutrir desde el jardín de niños hasta la universidad con calidad y acceso universal, lograr la meta de cero analfabetismo, dotar de herramientas tecnológicas, garantía de empleos profesionales bien pagados, incentivo a la creatividad en todas las áreas desde la artista hasta la tecnológica, a los mexicanos y mexicanas de todas las regiones y todos los estratos sociales.

  • Desde Manuel Avila Camacho hasta Enrique Peña Nieto los gobiernos mexicanos se han ocupado –y en la mayor parte de los casos con malos resultados- de la parte económica como un objetivo en sí misma y no como herramienta que impulse el contenido humano que contradice los afanes de enriquecimiento para unos pocos y el empobrecimiento de la gran mayoría.

Bajo esta visión -evidentemente errónea- en México no hay condiciones estructurales para el desarrollo de las Pequeñas y Medianas Empresas, cuya presencia constituye un aporte fundamental para el incremento de la productividad y por ende socializa la generación y repartición de la riqueza.

  • No conozco ni tengo nada personal contra Carlos Slim. Sin embargo, la existencia de este personaje como el hombre más rico del mundo surgido en un país cuyo modelo económico lo impulsa al dotarle facilidades para adueñarse, a bajo costo, de empresas que originalmente fueron del Estado y de la sociedad entera –caso TELMEX o la explotación de la señal de telecomunicación en el caso de la telefonía celular, vía TELCEL- y convertir a los dueños originales de estos espectros -todos los ciudadanos- en sus clientes; la existencia de este personaje, pues, constituye un ejemplo detallado de la falla estructural en la generación y repartición de la riqueza nacional.
  • Con Slim queda claro que el modelo económico imperante en México no está diseñado para generar y repartir riqueza a todos, sino para generar riqueza de parte de todos y repartirla entre unos cuantos.
  • Este punto nos remite automáticamente a la corrupción: el modelo económico imperante en México es corrupto por sí mismo y se corrompe más en el día con día y en el involucramiento de las estructuras políticas, institucionales, empresariales, de individuos o grupos que se benefician de él en detrimento del resto.
  • Es importante señalar y reconocer que en ese proceso de corrupción participamos todos: desde los hombres de poder hasta los ciudadanos más simples y comunes de modo que si hemos de construir un nuevo edificio donde habitar como país el cambio debe ser en todos los órdenes y a todos los niveles.
  • La impunidad va de la mano de la corrupción. Que haya heridos, muertos y haya culpables ubicados sin que se les castigue es un caso de corrupción grave que sólo genera más heridos, más muertos y más culpables sin castigo en una cadena de cáncer social que sólo terminará el día que se aplique la Ley.

 

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¿Cuál es el camino entonces?

Con esta pregunta nos despedimos en la anterior entrega de Claroscuros.

Al enfrentarnos a un problema al que Víctor Flores Olea denomina multidimensional * la respuesta es multidimensional.

Al ser un cuestionamiento profundo, la respuesta debe ser profunda.

Como elemento básico para encontrar el camino de salida a la monstruosa crisis que vivimos, debemos empezar por conocer al monstruo.

Ir luego, paso a paso, analizando cada uno de los elementos que lo conforman y buscar, entre todos, las respuestas que a todos nos atañen para combatirlo y acabar con él a lo largo de las próximas generaciones.