Por Elsa de León A.
24 de febrero de 2015

Todo comienza desde el principio, verdad de Perogrullo. O sea desde que damos el primer respiro, desde que jalamos la primera bocanada de aire, empezamos a educarnos o a desaprender. Depende de cómo se viva y con quién se viva.

Es tan común y corriente aprender algo, como un bebé cuando aprende a tomar las cosas con las manos. O cuando empieza a sonreír a los estímulos de la madre o el padre.

El aprendizaje va por etapas, por edades, y de acuerdo a la edad, los aprendizajes son o deben ser adecuados.

Sin ser experta en la educación infantil, por experiencia propia puedo decir que los bebés o niños pequeños responden a estímulos de colores, movimientos y sonidos, y cuando alcanzan la madurez pueden asistir al kínder. Es ahí el lugar donde empiezan a usar los colores, las formas, las texturas, los juegos, los cantos, la convivencia con otros niños; aprenden a socializar.

También cuando suben a otro nivel, empiezan a usar la mano, aprenden a controlarla y la empiezan a educar. Usan los colores o crayolas y empiezan a formar palitos y bolitas. Si mal no recuerdo, los palitos se hacen de arriba hacia abajo y las bolitas de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, cerrando el círculo donde se empezó.

Si algún estimado lector o lectora detecta que estoy mal, bien podría mandarme un correo y comentarme.

Así se continúa en la educación hasta que el pequeño o pequeña acude a la pre-primaria, primaria, secundaria y bachillerato. Si bien le va y si es uno de los agraciados, llegará al nivel superior.

Pero me voy a estacionar en la etapa de kínder o preprimaria, que es cuando se aprende a socializar, y a hacer círculos.

Esto lo traigo a colación porque con los años uno se olvida de lo aprendido en la escuela.

Educación, ¡ay la educación! Tan importante para la convivencia diaria y la cotidianidad. En esa etapa también nos enseñaban el respeto hacia los demás y las mínimas normas de civilidad.

Pero cuando uno circula por las calles de Xalapa, todas estas prácticas que se aprendieron en alguna parte, en alguna etapa de nuestra vida, no se notan.

Sobre todo porque a la hora de circular y ceder el paso a un vehículo, lo tomamos como una afrenta. Los veracruzanos somos de sangre caliente y más cuando traemos un vehículo. También somos muy influyentes, todos. No hay ni un ser insignificante en Veracruz y mucho menos alguien menos que nadie. Todos somos fregones e influyentes.

Es por eso que nos vale el paso de uno por uno en cada esquina. Nadie sabe la regla. La regla es que pasa el carro que llega primero, en segundo lugar pasa el que llega en segundo lugar y en tercer lugar pasa el que llega en tercer lugar.

Parece una estupidez, ¿verdad? Pero los xalapeños no respetamos. No sabemos las más elementales reglas de urbanidad y mucho menos recordamos cómo se hacen las filas como cuando íbamos al kínder o mucho menos cómo se hacen los círculos.

Por ejemplo, aquí en Xalapa, es usual que las personas circulen por las glorietas como sus hormonas se lo permitan. Si van de buenas, hidratados, comidos y contentos, circulan bien y de buenas. Pero si son las tres y media de la tarde y traen hambre, sed o prisa, les vale otra vez y las circulan como se les ocurre.

Se meten en contra, van mentándole la madre a medio mundo y se olvidan de lo más elemental, que es el respeto. El respeto al derecho ajeno es la paz, cita de don Benito Juárez, que la aprendemos más o menos en quinto de primaria, cuando empezamos a llevar historia de México.

Pero eso también lo olvidamos. Porque lo de hoy, es sobrevivir en esta jungla de asfalto en la que se ha convertido esta hermosa ciudad, de este hermoso país. Este tema continuará…

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