Tomás R. Domínguez Sánchez
11 de febrero de 2015

Históricamente hablando, debemos la separación de poderes al gran filósofo y pensador político francés Barón de Montesquieu, quien fue un noble que estudió leyes y esto le permitió viajar por Europa y hacer varias obras, principalmente ensayos que narraban la situación que imperaba en aquellos años, vista desde sus jóvenes ojos. Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, de acuerdo con su ideología política distinguía la existencia de tres posibles formas de gobierno: la república, la monarquía y el despotismo, cada uno con sus propias normas y determinaciones para actuar, así la república debe gobernarse por el principio de la virtud, el amor a la patria, la igualdad y participación cívica de sus ciudadanos, la monarquía se rige por el honor y la nobleza de una sola persona, mientras que el despotismo está gobernado por el terror, y la sumisión de los habitantes; Montesquieu siempre elogió a la república como mejor forma de gobierno, repudiando el despotismo.

En su principal obra El Espíritu de las Leyes el gran Montesquieu describe los tipos de leyes que emanan de los diferentes tipos de regímenes existentes de la época pero su aportación más importante es la distinción de los tres poderes de gobierno, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, sosteniendo en todo momento que no deben mezclarse entre sí porque de lo contrario simplemente la libertad y la democracia no existen. Montesquieu marca la historia y es a partir de él que se reconoce la división de los poderes iniciando con esto una nueva era en la conformación estado gobernante.

Pero con lo que no contaba Montesquieu es que a ningún político le enseñarían el principio de la virtud, tampoco el amor a la patria ni mucho menos la igualdad de sus ciudadanos y no entendieron la división y lo único que hicieron fue simular la repartición del poder en nuestro hermoso país y por supuesto que el estado de Veracruz no es ajeno porque la actual Legislatura es liderada por el Partido Revolucionario Institucional del cual es miembro el Gobernador del estado, así pues que siendo del mismo partido la mayoría de los diputados y el jefe del ejecutivo estatal hay evidentemente una mezcla de poderes y se rompe el principio de separación que tanto distingue Montesquieu y la democracia y la libertad no existen en el estado porque el legislativo hará lo que el ejecutivo diga al ser del mismo partido y ambos poderes de manera práctica están reunidos en una sola persona.

Es así pues que vivimos una democracia simulada, una democracia fingida, una democracia sólo de dicho, una democracia inexistente, tal es el caso del proceso para nombrar a los magistrados del Poder Judicial, resulta que el ejecutivo del estado es el encargado de proponer a la Legislatura en funciones al candidato, según él, idóneo para ocupar la magistratura vacante, una vez que se presenta al elegido corresponde a la Legislatura aprobar al menos con las dos terceras partes – equivale más o menos como a 34 diputados­- al candidato que se haya propuesto y al Poder Judicial sólo le corresponde brindar todas las facilidades y atenciones para recibir e instalar al nuevo magistrado elegido por el ejecutivo y aprobado por el legislativo; el Poder Judicial se queda calladito y sólo recibe lo que le mandan, no tiene ninguna vela en el entierro, lo único que hace es esperar y esperar y preparar la nómina para el nuevo magistrado que entrará en funciones.

En la antigua Roma, cuna del nacimiento del derecho, el ser magistrado tenía un significado honorífico y noble, lo ocupaban hombres virtuosos que se les exigía honradez, sentido común y buena voluntad, pero no eran políticos, y se encargaban de interpretar y aplicar la leyes para hacer justicia, eran parecidos al Poder Judicial; en la actualidad el ser magistrado es el pago de algún favor político, es el premio a la complicidad con el ejecutivo, es un puesto ocupado por políticos, que tienen una trayectoria política, que son doctores y maestros en derecho pero son políticos, que no les interesa el bien de los demás, que no les interesa la justicia, porque el ideal de los políticos es sólo el beneficio propio, lo único importante para ellos es la fastuosidad, conservar el poder a costa de lo que sea, seguir gozando de los privilegios que tienen, y por supuesto, a costa de lo que sea y de quien sea.

Ojalá que podamos entender los ideales de Montesquieu y separemos los poderes para que dotemos de autonomía al Poder Judicial, dejemos que elija a los hombres y mujeres idóneos para ser magistrados, que tengan una carrera judicial con experiencia en la administración de justicia, que sepan lo hacen; se imaginan que pasará cuando algún amigo de los políticos-magistrados esté involucrado en alguna falta ¿Se le aplicará la ley conforme a derecho? Claro que no.

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