meditacion

La meditación es el arte de llevar armonía al cuerpo, a la mente y a la consciencia. La vida con meditación es un florecer de dicha y belleza. La vida sin meditación es tensión, confusión y espejismo.

En la antigüedad, la meditación se consideraba a menudo una forma de vida. En realidad, la meditación no es algo independiente de la vida diaria, pero si la consideramos una disciplina, entonces tenemos que practicar determinadas técnicas, métodos y sistemas. Una vez hayamos practicado una forma de meditación y la tengamos dominada, esa disciplina permanecerá con nosotros en cada uno de los diferentes aspectos de nuestra vida. Por lo tanto, sea cual fuere la técnica que emplees, sea cual fuere el sistema que sigas, según las instrucciones que hayas recibido de tu maestro, ponió en práctica.

¿Qué es meditación y qué no lo es?

La meditación no es concentración. En la concentración estrechamos la mente, y una mente estrecha es una mente limitada. Necesitamos esta mente limitada, dirigida, concentrada, cuando queremos profundizar en algún tema, solucionar problemas, aprender un idioma o pilotar un avión. En estos casos la necesitamos, pero no cuando vamos a meditar.

Cuando nos concentramos, construimos un muro de resistencia, y al esforzarnos por controlar la mente, perdemos energía. Algunas personas meditan así durante una hora y, al acabar, se sienten cansadas porque durante esa hora han estado luchando sin parar, negando todo, diciendo que no a todos los pensamientos y percepciones, intentando focalizar la mente.

La concentración lo excluye todo, mientras que la meditación lo incluye todo. La meditación es una consciencia abierta, carente de decisiones. Todo es bienvenido. La meditación dice que sí a todo, mientras que la concentración dice que no a todo.

La concentración es esfuerzo. Siempre que existe un esfuerzo, existe alguien que realiza ese esfuerzo. El realizador del esfuerzo es el ego. La concentración nutre al ego, al realizador del esfuerzo. Cuanto mayor sea la concentración, mayor será el ego.

En la meditación no existe esfuerzo ni realizador de esfuerzo. Por tanto, hay libertad. Estás simplemente sentado tranquilamente escuchándolo todo, ya sea la llamada de un pájaro, el grito de un niño, el susurro de las hojas. Todos los sonidos son bienvedos. Sea cual fuere el sonido que percibas, rmítele que venga a ti. Cuando escuchas sonido, te conviertes en el centro y el sonido se queda en la periferia, va hacia ti para encontrarse contigo.

Cuando escuchas todo tipo de sonidos sin juzgarlos, sin criticar, sin considerar si te gustan o te disgustan, te conviertes en el centro y todos los sonidos corren hacia ti para disolverse en ti. Sigue al sonido. Déjalo que pase a través de ti. No te resistas. En ese momento es cuando tiene lugar un fenómeno mágico. Te vacías. Te vuelves silencio, existencia pura.

Cuando una brisa llegue hasta ti, permítele que pase a través de ti. No hay esfuerzo, no hay resistencia. Recuerda que la paz no es lo contrario del sonido. Cada sonido se disuelve en la paz. Tú eres esa paz y el sonido acude para encontrarte y disolverse en ti.

Fija la mirada sobre cualquier objeto: un árbol, una flor, incluso la pared. No existe decisión a la hora de mirar, no hay juicio, solo una observación sin decisiones.

La conciencia es el acto de escuchar, el acto de mirar. No exige ningún esfuerzo, ninguna concentración. En la conciencia, en la meditación, la concentración sucede de forma natural. Se te concede como regalo. Sin embargo, en la concentración, al elegir, pierdes la meditación.

En la consciencia expandida, vacía, cesa el pensamiento, la respiración se acalla y uno existe simplemente como conciencia Pura. Este estado está preñado de enorme alegría, belleza y amor. La consciencia individual se funde con la Consciencia Cósmica y la persona supera el tiempo y el Pensamiento.

En este estado, no importa si los ojos están abiertos o cerrados. Llega como una brisa, sin ser invitado, porque este estado es tu verdadera naturaleza: amor, dicha, belleza y conciencia. No existe el miedo, ni la depresión, ni la ansiedad, ni la preocupación, ni el estrés. La persona se convierte en testigo de las ansiedades, las preocupaciones y el estrés. En este estado tiene lugar la sanación.

Esto es lo que se denomina disciplina. Disciplina significa aprendizaje, y a la persona que está aprendiendo se le llama discípulo. Por eso tenemos que aprender el arte de la disciplina. Disciplina significa poner todo en su sitio. El pensamiento tiene un sitio, el deseo tiene un sitio, el trabajo tiene un sitio, la obligación tiene un sitio. La disciplina lleva la armonía a nuestra vida. Por tanto, la disciplina y la meditación van de la mano. No existe meditación sin disciplina ni disciplina sin meditación. Son una única cosa. La mente en meditación es una mente en disciplina.

Eso que se denomina una mente concentrada es una mente controladora. Una mente que está confusa controla. Sin embargo, una mente que está libre, alerta y consciente es dichosa. Esa mente es una mente disciplinada. Y la disciplina es el perfume de la vida. Sin ese perfume, nuestra vida no puede convertirse jamás en una celebración.

Cuando medites, siéntate con la espalda derecha. Si puedes, siéntate en la posición del loto (o del medio loto, si te resulta más cómoda). Si no te sientes a gusto en esa postura, puedes sentarte en una silla, pero manten la columna vertebral erguida.

Si practicas con constancia, puedes llegar a aumentar el tiempo que pasas en la postura del loto hasta una, dos o incluso tres horas. Si una persona se sienta correctamente en la postura del loto todos los días durante tres horas, pronto le llegará la iluminación.

Sentarse en la postura del loto ayuda a abrir el corazón. La respiración se acalla y automáticamente el pensamiento se ra-lentiza y se detiene. Ir más allá del pensamiento significa ir más allá del sufrimiento, porque el pensamiento es el que crea el sufrimiento.

 

Meditación del cuenco vacío

Siéntate cómodamente y en silencio con las palmas de las manos abiertas y hacia arriba, y apoyadas sobre las rodillas, como si fuesen cuencos vacíos. Abre ligeramente la boca y apoya la lengua sobre el paladar, justo detrás de los dientes.

Para empezar, centra tu atención en la respiración. Deja que tus pulmones respiren sin que tú hagas ningún esfuerzo. Sencillamente limítate a observar el movimiento de tu respiración. Inhala. Exhala.

Durante la inhalación, el aire toca la parte interior de los orificios nasales. Sé consciente de esa respiración. Durante la exhalación, el aire vuelve a tocar los orificios nasales. El aire que entra resulta fresco; el aire que sale es cálido. ¿Durante una fracción de segundo, entra en tu nariz! Céntrate en el orificio nasal y observa tu respiración: entra, sale, entra, sale. Deja que los pulmones hagan su trabajo. Tú estás solo sentado, observando.

Al cabo de cinco minutos, traslada la atención al aliento. Cuando los pulmones inhalen, ve con el aire hacia el interior de la nariz, a la parte posterior de la garganta a la tráquea, los pulmones, el corazón, ej diafragma. Sigue profundizando y Uega a ja parte posterior del ombligo, donde experj. mentarás una parada natural. Durante una fracción de segundo, la respiración se de tiene. Permanece en esa parada y, cuando los pulmones exhalen, vuelve a focalizarte en el aliento mientras discurre a la inversa Vuelve a subir desde el ombligo hasta el diafragma, el corazón, los pulmones, la tráquea y la garganta, otra vez a la nariz y luego sal del cuerpo.

En las exhalaciones, el aire sale del cuerpo y recorre una distancia de unos veinte centímetros por delante de la nariz donde se produce una segunda parada. Una vez más, permanece en esa parada durante un momento.

Estas dos paradas son muy importantes. La primera se produce detrás del ombligo; la segunda, en el espacio, fuera del cuerpo. Cuando tu consciencia descansa en estas dos paradas, el tiempo se detiene, porque el tiempo es el movimiento de la respiración. Cuando la respiración se detiene, la mente se detiene, porque la mente es el movimiento de la respiración. Cuando la mente se queda callada, sencillamente existes, sin cuerpo, sin mente, sin respiración.

En esa parada te conviertes en una especie de cuenco vacío, y cuando te conviertes en un cuenco vacío, los labios divinos te tocan. Dios viene a ti, a verterte su amor. No necesitas buscar a Dios, porque Dios te está buscando a ti. Desde la antigüedad, Dios está buscando un cuenco vacío para llenarlo con su amor. Sin embargo, todos los cuencos están llenos de deseo, de ambición, de negocios, de competencia, de éxito y de fracaso.

Limítate a quedarte sentado y en silencio, y permanece en la parada. Esta parada es una puerta. Entra por la puerta y salta al abismo interior. Te sentirás rodeado por una tranquilidad y una paz extraordinarias.

Practica esta meditación durante un cuarto de hora por la mañana y otro cuarto de hora por la noche. A medida que vayan pasando los días, las semanas y los meses irás observando que el tiempo que pasas en las paradas va aumentando de forma natural hasta que el interior y el exterior se funden, y todo sucederá dentro de ti. Nota: Si te resulta más cómodo, puedes practicar esta meditación tumbado.

 

Meditación So-Hum

En la meditación So-Hum nos sentamos en silencio y observamos nuestra respiraron, tal y como hacíamos en la meditación del cuenco vacío, pero añadimos el sonido S° a la inhalación y el sonido Hum a la exhalación (lo hacemos en silencio, mentalmente, sin pronunciar dichas palabras en voz alta).

Cuando el sonido, la respiración y la conciencia se unen, se convierten en luz. Hemos visto que cada átomo irradia luz y energía calorífica, que forman una onda cuántica. En el momento en que prestamos atención a nuestra respiración y empezamos a sentir So-Hum, So-Hum, junto con la respiración, esta se convierte en una onda cuántica e irradia luz. Esta luz de vida se puede ver en el tercer ojo.

Inspirar (respirar hacia adentro) es vivir; espirar (respirar hacia afuera) es morir. Cuando un niño nace, con su primera respiración la vida se expresa a sí misma a través de la inspiración Cuando una persona muere, decimos que ha expirado. La respiración ha salido.

Hum significa «yo» o «ego individual»; So significa «Él, el Divino». Por tanto, en el curso natural de la meditación So-Hum, cuando So entra en el cuerpo, entra con él la energía de vida, y Hum, el ego, nuestra individualidad limitada, sale. Este es el significado de la meditación So-Hum. Cuando inhalas So estás inhalando vida. Cuando exhalas Hum estás exhalando ego y limitación.

La meditación So-Hum, cuando se practica correctamente, conduce a la unión del individuo con la Consciencia Cósmica universal. Irás más allá del pensamiento, más allá del tiempo y del espacio, más allá de la causa y del efecto. Las limitaciones se disiparán. Tu consciencia se vaciará, y en ese vacío se expandirá, y la paz y la alegría descenderán como una bendición.

 

Atención de doble sentido (atestiguar)

En la ciencia védica, el hecho de atestiguar se denomina samyag darshan. Es el proceso de mirar hacia afuera y hacia adentro simultáneamente.

Cuando miramos un árbol, una estrella, una montaña o una flor, hay algo que sale de nuestros ojos, toca el objeto y regresa a nosotros. Eso que sale de nuestros ojos para poder tocar el objeto de nuestra percepción es lo que denominamos atención. El ayurveda afirma que la atención se produce cuando el prana sale y lleva la vibración de la conciencia hacia el objeto De ese modo, la atención es conciencia con prana, movimiento.

Una flecha va hacia afuera y toca el objeto. Al mismo tiempo, una segunda flecha de atención debe ir hacia adentro, hacia el centro de nuestro corazón, para observar al observador. En el momento de mirar, cuando miras al objeto exterior, rnira al mismo tiempo al que mira, contempla al que contempla, observa al que observa. Lo que sucede cuando el observador es observado es que el observador desaparece. Este sencillo observar sin que exista un observador es lo que se denomina atestiguar. En ese acto desarrollas intimidad, relación, con el objeto de tu percepción.

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