En nuestra escasa cultura de planeación administrativa los alcaldes cumplen con el requisito de registrar sus respectivos Planes de Desarrollo Municipal sólo para cubrir una formalidad, porque ni los cumplen ni mucho menos les dan el debido seguimiento. Una demostración plena de esta circunstancia la dio el alcalde de Colipa, quien desembolsó dinero público pagándole a una empresa particular para que le diseñara su Plan de Desarrollo y sin siquiera analizarlo lo remitió al Congreso. Pero al revisarlo en la Legislatura encontraron que el referido Plan para Colipa contiene metas y objetivos nacionales y hasta internacionales, por lo que le fue devuelto al “empeñoso” alcalde, que no leyó que en el documento se proyectaba la construcción de autopistas y hasta de un aeropuerto. ¡Vaya oso!