Por Sergio González Levet
11 de febrero de 2015

Si usted tiene encendido un radio o una televisión, lo más probable es que en este momento o a más tardar en tres minutos se tenga que recetar uno de los 11 millones y medio de spots electorales de precampañas, que empezaron a pasar en las radiodifusoras y televisoras mexicanas desde el sábado 10 de enero pasado y terminarán de difundirse el próximo 18 de febrero.

Oiga bien la atenta lectora, escuche con esmero el gentil lector y se darán cuenta de que nuestra vida pública y parte de la privada está prácticamente tomada por la palabrería de los partidos políticos y -en este momento- sus precandidatos, porque unos y otros hacen sus campañas al interior de cada instituto político y entre sus respectivas militancias.

Y todo con dinero público, que pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos o que proviene de la riqueza de la nación, que pertenece a todos pero aprovechan sólo unos cuantos.

No hay que pensarle mucho para atinar en que todos esos recursos, dilapidados para supuestamente convencer a los militantes de los partidos, podrían ser aprovechados en fines mucho mejores, como por ejemplo campañas de promoción de la lectura o contra el analfabetismo.

Yo digo que con unos cinco millones de spots que se difundieran invitando a leer alguna obra literaria de calidad, se podría conseguir que muchos jóvenes se interesaran y terminaran acudiendo a las páginas de los clásicos, lo que únicamente puede ocasionar buenas consecuencias.

Sería todo un lujo escuchar en nuestras estaciones de radio y/o de televisión cosas como: “Lee La feria de Juan José Arreola, es un libro muy divertido”, en lugar de la cansina retahíla de: “Vota por los candidatos del partido equis, que han hecho leyes a la medida de los mexicanos y siempre pensando en los mexicanos” (y, sotto voce, han hecho leyes para poder meterle el diente a los dineros públicos).

Bueno, y esos 11.5 millones de spots no son nada contra la avalancha de 15 millones de promocionales que tendremos que oír a chaleco durante el tiempo de las campañas, que se llevará todo abril, todo mayo y un día de junio (pues la elección será el domingo 4 del mes más productivo del año, y por designio electoral no se puede hacer ningún tipo de propaganda durante los tres días anteriores a la fecha de los comicios).

Tanta propaganda, tanto entintarnos la paciencia, para que finalmente los ciudadanos terminen votando por quien les haya dado más apoyos en dinero o en especie. Cosas de la democracia electoral a la mexicana, que no ha dejado que nuestros ciudadanos maduren y ejerzan su derecho a elegir de acuerdo con los intereses mayores de la nación.

15 más 11.5 son 16 millones y medio de spots que bañarán la paciencia, los ojos y los oídos del sufrido pueblo mexicano, pero que también llenarán los bolsillos de muchos empresarios que verán acrecentadas sus ganancias a costa de la paciencia infinita del pueblo.

En verdad, aquéllos son los únicos que ganan algo.

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