Por Armando Ortiz
27 de febrero de 2015

William Ernest Henley fue un poeta inglés que de niño sufrió tuberculosis; por las secuelas de esta enfermedad tuvieron que amputarle una pierna. Sin embargo Henley no decayó, antes bien superó esa y otras adversidades. Fue editor y un gran crítico literario. Amigo de Robert Louis Stevenson, sirvió de modelo para la creación de Long John Silver, el personaje de la pata de palo de la novela La isla del tesoro.

William Ernest Henley escribió uno de los poemas más inspiradores, que en su momento ayudo a la sobrevivencia de uno de los líderes más queridos en el mundo, Nelson Mandela. Mandela explica que durante sus 27 años de cautiverio tuvo momentos de flaqueza en los que tenía pensado claudicar. Sin embargo, en esos momentos en los que parecía que su lucha no tenía sentido, recordaba el poema de William Ernest Henley:

Invictus

Más allá de la noche que me cubre,

negra como el abismo insondable,

doy gracias al Dios que fuere

por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias

no he gemido ni llorado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza sangra, pero está erguida.

Más allá de este lugar de ira y llantos

donde yace el horror de la sombra,

la amenaza de los años

me halla, y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,

ni cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino,

soy el capitán de mi alma.

Más de siete meses estuvo la periodista Maryjose Gamboa en cautiverio. El 12 de julio se vio involucrada en un accidente automovilístico en donde perdió la vida José Luis Burela López. Maryjose Gamboa nunca huyó de lugar del accidente, nunca pregonó inocencia, antes bien estuvo dispuesta a responder ante la ley por el accidente y por la muerte de una persona.

Por su parte el gobierno veía las cosas de otra manera. Para ellos Maryjose había salido de su casa con una actitud criminal, buscando de manera imprudente quitar la vida a quien se le pusiera enfrente. Manejo, suponen los peritos de gobierno, con temeridad, esa temeridad la convertía en una criminal cuasi psicópata que merecía ser recluida, aislada y silenciada de inmediato.

Todo ese montaje fue creado desde la Procuraduría. El procurador asumiendo en ocasiones el papel de juez y verdugo, anticipaba que Maryjose tendría que purgar una condena de varios años en la cárcel. “Hay una persona muerta, que no se les olvide”; hipócritas, fariseos hipócritas que limpian la copa por fuera pero por dentro están llenos de inmundicia.

La hicieron padecer, la alejaron de su hija y la recluyeron en un penal donde convivió con delincuentes de alta peligrosidad. Un funcionario alguna vez, en el fragor de su pasión justiciera me dijo: “La vamos a chingar”.

Pero no la chingaron, se chingaron ellos. Pues el desprestigio del gobierno que mata y reprime a sus periodistas llegó hasta instancias internacionales; ¿acaso no nos quitaron el Hay Festival por ese desprestigio?

Maryjose sale de prisión con la cabeza erguida, invicta, sabe que el camino que sigue tendrá sus dificultades, pero también sabe que como dice el poema de Henley, “No importa cuán estrecho sea el camino,/ni cuán cargada de castigos la sentencia,/soy el amo de mi destino,/soy el capitán de mi alma”.

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