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VALLE DE EL OCOTITO, Gro. (apro).- Habitantes de El Ocotito liberaron a más de un centenar de policías federales que estuvieron retenidos más de ocho horas sobre la carretera federal México-Acapulco.

Ello, después de que la presión social obligó el subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, ordenar la liberación de dos policías comunitarios que fueron detenidos en la mañana por el Ejército en la comunidad de Petaquillas.

Los guardias comunitarios fueron trasladados a la sede de la delegación de la PGR, en Chilpancingo, y consignados por el delito de posesión de armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas.

El Ministerio Público federal impuso una fianza de 30 mil pesos que fue cubierta por la propia Policía Federal (PF).

En la negociación entre el funcionario federal, quien se comunicó vía telefónica con varios comisarios municipales y dirigentes del Frente Único para la Seguridad y el Desarrollo de Guerrero (Fusdeg)‎, se acordó el repliegue de la PF de la franja de comunidades donde ya opera la policía comunitaria en el municipio de Chilpancingo.

También se pactó una reunión para el próximo martes 10, en el puerto de Acapulco, con el fin de abordar el tema de la exigencia del retiro del Ejército, por sus presuntos nexos con el narco, del territorio comunitario.

De esta forma, cerca de las 21:19 horas los policías federales fueron liberados ‎y posteriormente desbloqueada la carretera México-Acapulco.

La retención de los federales y el bloqueo carretero fueron consecuencia de un operativo militar en contra de la policía comunitaria que desde hace seis días asumió el control de la seguridad de Petaquillas, donde los ciudadanos decidieron enfrentar directamente a la delincuencia ante la indolencia gubernamental.

Luego de que el Ejército detuvo a dos policías comunitarios, los líderes del Fusdeg ordenaron bloquear la carretera federal, por lo que la vía fue obstruida a lo largo de las poblaciones de Petaquillas, Mazatlán, El Ocotito, Mohoneras y Tierra Colorada para exigir la liberación de los comunitarios y el retiro de militares y federales de la zona.

Cerca del mediodía, militares con equipo antimotín habían desalojado a golpes a un grupo de personas, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, que mantenían bloqueada la carretera a la altura del punto conocido como La Herradura, entre las comunidades de Petaquillas y Mazatlán, municipio de Chilpancingo.

Los soldados detuvieron y desaparecieron ‎por unas horas a un joven identificado como Bersaín Ortega Hernández, quien fue localizado después en el hospital general de Chilpancingo con huellas de tortura.
De manera paralela, habitantes de la comunidad de El Ocotito retuvieron a 105 agentes federales que se desplazaban en cinco autobuses sobre la misma vía federal en dirección al punto donde el Ejército golpeó a niños y mujeres.

Agentes con pipas

Los pobladores encontraron pipas metálicas con mariguana en los uniformes de los federales, quienes permanecieron todo el tiempo al interior de los autobuses.

Al lugar arribó el comisario de la PF, Uriel Mendoza, quien se identifico como jefe Goliat, acompañado por el comandante José Luis Solís –conocido como Espartaco– para tratar de negociar la liberación de los policías.

Durante más de ocho horas, comisarios municipales y coordinadores de la policía comunitaria sostuvieron una negociación con los mandos policíacos.

En este lapso, los habitantes de El Ocotito recuperaron un dron de la PF que se desplomó en las inmediaciones del poblado.

La presión social obligó al gobierno federal a liberar a los dos policías comunitarios ‎y ordenar el retiro de los policías de las poblaciones donde opera la guardia comunitaria del Fusdeg.

Los líderes del movimiento también pidieron que la PF permitiera el paso de policías comunitarios ‎a la comunidad de Petaquillas, debido a que recibieron amenazas del grupo delictivo Los Ardillos.

La petición fue aprobada por los mandos de la PF, y enseguida se movilizaron, a bordo de camionetas, más de 50 comunitarios armados de El Ocotito para reforzar la seguridad de Petaquillas, la antesala de la capital de Guerrero y considerado el paso estratégico de heroína y mariguana.

Cuando a los policías federales se les permitió el paso, una profesora golpeó en la cara al comandante Espartaco, a quien le reprochó ‎los desalojos en contra del magisterio.

La escalada de protestas por el caso Ayotzinapa, que exhibió los nexos de autoridades con el narco, obligó al gobierno de Enrique Peña Nieto a utilizar al Ejército y a la PF para encarar las movilizaciones sociales.

Hace una semana, integrantes de la policía comunitaria del Frente Único para la Seguridad y el Desarrollo ‎de Guerrero ‎(Fusdeg) asumieron el control de la seguridad en Petaquillas, comunidad ubicada a 10 minutos de Chilpancingo.

Desde esa fecha, el gobierno federal movilizó a tropas del Ejército y la PF para “sitiar” Petaquillas y desarmar a los guardias comunitarios que ya habían desmantelado una célula ‎delincuencial que operaba en la zona.

Esta situación provocó varios roces entre la ciudadanía y los militares, por lo que el ambiente en Petaquillas era de tensa calma y luego escaló tras el desalojo violento de la carretera llevado a cabo por soldados.

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