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Por Mussio Cárdenas
24 de febrero de 2015

* Del discurso crítico al de la sumisión  * El PRI metió la mano en la elección del PAN  * Compra de votos para Zarco  * Alicia Lara, suplente de Gloria Santos  * Edel y Flavino, los mentores de Adán Escobedo  * Se ampara alcalde de Medellín para evitar desafuero  * Fiscalizables, gastos de precampaña y campaña

Pepe Yunes tiene un discurso para cada ocasión. Un día, el del catastrofismo; otro, el de la concordia; uno más, el de la esperanza, y otro más, el de la ruptura. Así habla el senador, sin definirse, o simulando que se define, engañando a quien lo quiera escuchar.

Decía en diciembre de 2014 que una gubernatura de dos años, propuesta entonces por el gobernador Javier Duarte de Ochoa, sería perjudicial para Veracruz, que alejaba la inversión, que enviaba una mala señal al capital privado, que provocaría estancamiento y que afectaría el desarrollo de la entidad.

Siempre cauto, siempre mañoso, el senador Yunes Zorrilla ha callado ante los temas torales de la vida pública de Veracruz. Le gusta la ambigüedad, le fascina hablar sin decir, lo mueve el lenguaje de la oscuridad.

Pepe Yunes nunca ha sido un aguerrido. Cuida sus palabras, oculta sus querencias y nunca incomoda a quien tiene el poder. Practica, pues, la hipocresía política.

Tan amilanado ha sido, que Fidel Herrera Beltrán lo destrozó en la elección federal de 2006, operando a favor del Partido Acción Nacional, entregando distritos y territorios, hasta dejarlo en la lona, como si lo hubiera arrollado un tren, y sin la senaduría a la que le había invertido recursos y capital político, prestigio e imagen.

Pepe Yunes fue masacrado y aún así, regresó para seguir creyendo en las falsas promesas de Fidel, porque hay ilusos irredentos que no tienen cura.

Presidió el PRI estatal y ni le avisó Fidel cuando ya le tenía sucesor, desproporcionado el agravio y el descuido de las formas para consensar un relevo que, aunque necesario porque así lo exige quien disfruta de “la plenitud del pinche poder”, debe obedecer a un protocolo para no dejar fibras en estado de alteración.

Fidel Herrera era extremadamente brusco con Pepe Yunes, evidente su animadversión pues el senador peroteño siempre ha sido un potencial contendiente a la gubernatura de Veracruz.

Que no entre en sus planes, tiene lógica. Pepe Yunes en la gubernatura significaría el cambio de rumbo, el fin del fidelato, hoy convertido en docenato, vía Javier Duarte al frente del gobierno estatal.

Vapuleado, denostado, humillado por su derrota en la elección de 2006, José Francisco Yunes Zorrilla ha sido un priista sumiso, de discurso corto, pasivo hasta irradiar temor. Sabe de su potencial, se conoce, convoca apoyos, pero no destaca ni sacude al priismo de Veracruz.

Quiso ser gobernador en 2010 y Fidel lo volvió a engañar. Le dijo que sí, pero no le dijo cómo. Lo metió en la dinámica de la democracia embustera y terminó aceptando una imposición. Creyó en la promesa de juego limpio mientras recibía piquetes de ojo, zancadillas y puntapiés.

Fidel lo excluyó y Pepe Yunes lo aceptó. Su discurso fue el de las reglas del juego, el acatamiento a la voluntad de las mayorías, el de la participación de todos. Así lo pastoreó Fidel mientras el único candidato al que registraba el PRI era Javier Duarte de Ochoa, el títere de la sucesión.

Canjeó una gubernatura por la senaduría, en 2012. Ahí milita, en el Senado de la República, junto con su tío político, Héctor Yunes Landa, inmerso en las reformas estructurales, trepado en el proyecto peñista que tiene a México atrapado en una crisis social. Desde ahí, sin embargo, se engalla con lo que ocurre en Veracruz.

Pepe Yunes ya mientas madres. Sujeto al discurso de la cautela, a las palabras que suavizan, dio un giro en diciembre de 2014. Replicó, cuestionó y enfrentó la propuesta de Javier Duarte para que el próximo gobierno de Veracruz, a elegirse en 2016, tenga una vigencia de dos años, supuestamente para homologar la elección estatal de 2018 con la federal.

Mienta madres, dice a su gente el otro senador, Héctor Yunes Landa, que advierte que en el fondo no es la economía de Veracruz lo que saldría afectada con un minigobierno, sino las aspiraciones de ambos por llegar a la gubernatura.

El tema es político. En 2016, Pepe y Héctor Yunes gozarían de la influencia de sus padrinos, Luis Videgaray y Manlio Fabio Beltrones, para alcanzar la nominación; en 2018, no. Entonces habría nuevo candidato presidencial y la ecuación política no les favorecería.

De ahí surgió el proyecto de atacar juntos la elección de 2016 y dos años después la de 2018. Héctor contendería por la de dos años y Pepe por la de seis, y los equipos de ambos estarían en los ocho años de gobierno.

Su plan es desterrar el fidelismo de Veracruz, que pretende imponer a Erick Lagos Hernández, o el duartismo que intenta heredarle el cargo a Alberto Silva Ramos, alias El Cisne. Cualquiera que llegue a la gubernatura le aseguraría el siguiente sexenio a Fidel, 20 años en el poder.

Pepe Yunes ya había asumido un lenguaje contundente. Expresaba la necesidad de enfrentar a la fidelidad y cerrarle el paso en 2016. Refrendaba que junto con Héctor Yunes habría que ir por la gubernatura de dos años y luego por el sexenio en 2018.

Pero ha vuelto a ser el Pepe Yunes de siempre.

Dice de nuevo que la gubernatura de dos años será perjudicial para Veracruz, que provocará estancamiento económico, que ahuyentará la inversión.

Sostiene que un período de 24 meses sólo generará incertidumbre para los inversionistas. No era lo mejor, pero es una realidad, agrega. Y lamentó que un período corto pudiera acarrear consecuencias lamentables en materia de desarrollo y de desempeño económico.

¿Buscaría la candidatura en 2016? Dice que quién sabe. Esperaría los tiempos del PRI y entonces tendría una definición.

Vuelve a variar el discurso. De aquella reunión de Alianza Generacional, el 17 de enero, Héctor y Pepe Yunes emergieron con un proyecto conjunto: la búsqueda de la minigubernatura en 2016 y el sexenio en 2018, ochos años que servirían para desterrar el fidelismo.

Hoy se advierte una ruptura. La evidencia el columnista Edgar Hernández, sacando trapos sucios, traiciones, réplicas y las trampas de Héctor Yunes que le reditúan rentabilidad política, mientras Pepe Yunes, el pasivo, el callado, el amilanado, solo ve y otorga.

Vuelve pues, Pepe Yunes a su lenguaje menguado. Ve de nuevo las inconveniencias de un minigobierno de dos años, renuente a definirse, a admitir que buscará la candidatura.

Va dejando sólo a Héctor Yunes, reacio a tomar parte en el proyecto de los ocho años, los dos de 2016 y los ocho de 2018.

Su lenguaje es así. Es un engañatontos. Por eso Fidel le impidió ser senador en 2006 y lo humilló; lo despeñó del PRI; le permitió ser senador en 2012, y no lo dejará ser gobernador en 2016, y nunca más.

Tuvo Pepe Yunes en diciembre un discurso filoso, el del catastrofismo. Tuvo uno más en enero, el de la desobediencia. Tiene ahora el discurso que más le va: el de la sumisión.

Siempre es así. Engaña a quien lo quiere escuchar.