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MEDELLÍN DE BRAVO, Ver. (apro).- Una vieja cámara Minolta y una videocámara Handycam Sony custodian dos fotografías de 12×18 de Moisés Sánchez Cerezo, quien aparece con la mirada serena y ataviado de blanco; los objetos reposan sobre un ataúd gris metálico que resguarda los restos del reportero de La Unión, minutos antes de que sea inhumado bajo cinco pesadas losas de concreto y medio centenar de kilogramos de arena.

Los restos de Sánchez Cerezo, el onceavo periodista asesinado en lo que va del sexenio de Javier Duarte, fueron depositados esta tarde en el Panteón Particular de la zona oriente del puerto de Veracruz.

Una hora antes, su féretro fue llevado hasta el sitio “Moreno”, donde más de medio centenar de taxistas de Medellín de Bravo rindieron homenaje al compañero de oficio, “periodista”, “activista vecinal” y “hermano evangélico” Moisés Sánchez.

“Nunca tuvo miedo, nunca se calló, nunca se silenció. Mi padre me decía que sí teníamos miedo no íbamos a cambiar nada”, expresó, con lágrimas en los ojos, Jorge Sánchez Ordóñez, hijo del reportero medillense secuestrado por un comando el viernes 2 de enero y asesinado el mismo día.

La morada de Moisés Sánchez se localiza en el último reducto de la calle Violetas de la colonia Gutiérrez Rosas, en la congregación “El Tejar” en Medellín, donde se levanta una humilde vivienda cuyo distintivo es una ventana de lámina en que se despachan abarrotes y se exhibe una cartulina donde se advierte “La Unión, la voz de Medellín”; ahí fueron velados los restos del activista la madrugada anterior.

Alrededor de las tres de la tarde, en una calle sin pavimentar y sin servicios municipales, se concentraron periodistas, taxistas, evangélicos e integrantes de las guardias vecinales para dar el último adiós a Moisés Sánchez, mientras una veintena de policías estatales, a bordo de cinco patrullas, custodiaban los alrededores.

Desde la casa del activista asesinado, cuatro cámaras conectadas a los sistemas de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) siguieron los pormenores del cortejo fúnebre. Los dispositivos fueron colocados cuatro días después del levantón de Sánchez Cerezo.

Mientras los hermanos de Moisés Sánchez –seis en total– y su único hijo, Jorge Sánchez, cargaban el féretro y las ofrendas póstumas, Axel Sánchez, nieto de seis años del reportero de La Unión no dejaba de jugar y custodiar la cámara Minolta de su abuelo.

Desde su casa y hasta el panteón el pequeño no soltó un momento el artefacto hasta que lo volvió a depositar en el féretro.

La Minolta y la Handycam fueron las últimas ofrendas alusivas al oficio periodístico de Moisés Sánchez, antes de que sus restos fueran depositados bajo la tierra.

“Moisés murió por sus ideales y será recordado como un héroe en El Tejar y en Medellín. Apoyar al pueblo y hablar por el pueblo le costaron la vida”, señaló uno de los taxistas en el sitio conocido como “Moreno”.

Los conductores de dos autobuses suburbanos y medio centenar de taxis hicieron sonar sus cláxones todo el camino hasta llegar al Panteón Particular. Con recelo, los peones del camposanto observaron de forma inusual cómo una veintena de fotógrafos y camarógrafos seguía a detalle el último adiós a Moisés Sánchez.

La comunidad evangélica a la que pertenecía el reportero de La Unión no dejó de entonar “Cuando allá en el cielo se pase lista a mi nombre, yo feliz responderé”.

Las personas que durante los últimos 34 días –desde el levantón de Moisés Sánchez a este viernes– convivieron con María Ordóñez, Jorge Sánchez y Juan Carlos, esposa, hijo y hermano del activista aseguraron que fue hasta hoy cuando la familia del reportero “se quebró”.

El temple, fuerza y reclamos que mostraron en el último mes para protestar y exigir la aparición con vida de Moisés Sánchez, hoy con el féretro ya depositado en una carroza blanca se vieron vulnerados para derivar en el llanto de los tres familiares del comunicólogo.

“La Unión, me decía mi padre, nació para darle voz a esa gente que no tiene voz, nosotros alguna vez le dijimos que era peligroso, pero él nos decía que vivir con miedo no era una opción. Estoy seguro que hasta el último momento de su vida mi padre se sintió orgulloso de lo que fue”, señaló Jorge Sánchez.

Una vez concluida la colocación de losas y de tierra para afianzar la sepultura, más la instalación de coronas y ofrendas florales, alguien trajo a colación el último reclamo de Moisés Sánchez, cuando un comando irrumpió con violencia a su domicilio: “El efectivo soy yo, con mi familia no se metan”.

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