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Por Mussio Cárdenas
13 de febrero de 2015

* De la Guardia va por Coatza  * El objetivo es perder  * El hijo, encarcelado  * Las cuentas y El Chapo  * Encuesta: aventaja el PRI en cuatro distritos del sur  * Memorial en honor de Sánchez Cerezo  * Para la PGR, Moisés no era periodista  * El marcelismo contra García Bringas  * Marcelo aprieta y luego negocia

Sin pena ni gloria, desvencijado, el PRD tiene la encomienda de perder. No emociona. Carece de lustre. Arrastra una historia infame, enrojecida por su vinculación al priísmo, al docenato de la fidelidad y marcado por su condición de partido venido a menos, sometido y profundamente corrupto. Fue una fiera en el espectro político y hoy es la mascota dócil del PRI.

Hace tiempo que el Partido de la Revolución Democrática dejó de ser un trabuco electoral en Veracruz, marcado por pleitos y conflictos, por la disputa de espacios, por el sometimiento al gobierno estatal en turno y a un cúmulo de prebendas que hicieron que militantes y dirigentes se dejaran seducir.

“El problema de los perredistas es que ya aprendimos a comer con manteca, en grandes viandas y tragar los mejores vinos”, dijo un día el aguerrido Juan Nicasio Guerra, brillante en la oratoria y el debate, siendo diputado federal, en los días en que Andrés Manuel López Obrador sacudía a la nación, a gritos el fraude electoral de 2006, las voces que llamaban “pelele” y “Fecal” a Felipe Calderón Hinojosa, los campamentos en el Zócalo y en Reforma, en el DF, el desmadre total.

Ese era —y es— el problema del PRD. Sus dirigentes son magnates pintados de amarillo. Viven en palacios, viajan en primera, atesoran fortunas y hacen de su partido una franquicia electoral. Los Chuchos son así, pero también los IDN, los Amalios, los del Movimiento de Izquierda, los Movidiq, los ADN, la élite del perredismo, antes y después de López Obrador, antes y después del Pacto por México. Y todos en pugna, el botín de por medio. El problema es por el poder, por lo que da, por lo que les permite hacer.

Veracruz lo vive así. No postula el PRD candidatos de imagen, con ideología, con principios, con trayectoria, con congruencia. Postula candidatos para cubrir las formas, atomizar el voto de la oposición y dejar pasar al PRI. Más que el PRD, es el perderé.

Su descomposición es constante. Dialoguista, fácil de conquistar, el PRD veracruzano se desliza en un tobogán de descrédito desde que en los días del fidelismo se dejó atrapar en las promesas de Fidel Herrera Beltrán, el ex gobernador, y asumió condición de comparsa y patiño del gobierno teatral, voraz, impúdicamente ambicioso, sin límite y sin freno, que acabó con la riqueza de Veracruz.

Coatzacoalcos fue por años el bastión perredista en Veracruz. Ganaba diputaciones federales, enfrentaba al PRI, aportaba miles de votos en elecciones presidenciales, resistía y contenía el embate de la maquinaria priísta.

Hasta 2006 tuvo una cadena de triunfos. Al año siguiente, en la elección local intermedia, Fidel Herrera cooptó al PRD. Lo metió en el Acuerdo de Gobernabilidad, le suministró recursos, los perredistas coordinando foros, impartiendo talleres, llenando las alforjas a través de sus amigos conferencistas, especialistas de lo que fuera, pues el negocio encubierto daba para todos.

Desde entonces el amarillo se destiñó. No volvió a ganar nada. Perdiendo regateaba regidurías. Se las daba el sistema electoral aunque fuera por resto mayor.

Hoy, el escenario es el mismo. El PRD desdeña a su militancia, no le ve tamaños para competir por la diputación federal, carece de figuras con prestigio, universitarios de avanzada, empresarios con visión social, líderes con discurso popular.

Su apuesta es por un empresario y financiero, Rodolfo de la Guardia Cueto, hombre mayor, de imagen cuestionada, controvertido, para unos gente de servicio, para otros manchado por un episodio judicial.

De la Guardia Cueto fue el artífice de la Cruz Roja local, a la que organizó, le dio viabilidad financiera, la hizo solvente, la hizo crecer, la llevó de un pequeño y miserable espacio en el centro de la ciudad, a un edificio funcional, dotado de áreas para la mejor atención de los pacientes.

No es esta su primera incursión política. Fue candidato a la alcaldía de Coatzacoalcos, en 2004, enfrentado al priísta Iván Hillman Chapoy, impopular, elitista, repudiado por las corrientes del PRI, que no hubiera ganado la elección de no ser porque las corrientes enemigas, incluido el marcelismo que competía la diputación local, fueron obligadas a acarrearle votos.

De la Guardia alegó fraude, que nunca pudo probar. Confió en que un mapache tradicional, Antonio Cueto Citalán, primo suyo, llegaría a Coatzacoalcos, armaría el escenario y lo llevaría al triunfo.

No fue así. De la Guardia no ganó y tampoco pudo acreditar que lo habían robado.

Nada le podrían reprochar los perredistas de aquella incursión fallida. Lo que ahora le cuestionan es que en el pasado reciente se vio involucrado en un escándalo judicial, cuando su hijo, Rodolfo de la Guardia García, ex director de Interpol México, fue aprehendido, el 29 de octubre de 2008, y acusado de vínculos con el narcotráfico.

Corrían la informaciones y advertían que parte del dinero obtenido por el vástago era manejado o atesorado por De la Guardia Cueto, que una financiera creada ex profeso servía para lavar dinero, que ambos tenían cuentas en el extranjero, que los vínculos eran con Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Según un testigo protegido, De la Guardia García había financiado con dinero del narco la campaña de su padre a la alcaldía de Coatzacoalcos, en 2004. La versión nunca pudo ser sustentada.

De la Guardia García permaneció en prisión, juzgado y finalmente liberado, el 5 de noviembre de 2013, ya en el gobierno priísta. Se supo entonces que fue objeto de una venganza del ex procurador Antonio Macedo de la Concha y, principalmente de la amante de éste, la procuradora Marisela Morales, mujer temible en los días en que Felipe Calderón gobernaba México.

Rodolfo de la Guardia Cueto permaneció alejado de Coatzacoalcos desde entonces. Vuelve ahora con la bendición de Rogelio Franco Castán, líder del PRD en Veracruz, candidato de Los Chuchos a la diputación federal. Desplaza a los internos, Eusebia Cortez y Ricardo López Carrera.

De perfil bajo, desconectado de Coatzacoalcos, desconocido para un buen número de los electores, Rodolfo de la Guardia intenta competir en una elección que se ha polarizado entre el PRI, a pesar de su candidato de ínfimo nivel, Rafael García Bringas; el PAN, que detenta la segunda mejor estructura electoral y tres figuras que se disputan la candidatura, y Morena, que tiene a una candidata adelantada que juega con la figura de Andrés Manuel López Obrador.

Tiene el PRD la encomienda de perder. Ese es el negocio. Así le conviene a sus dirigentes. A eso los acostumbró Fidel.

Antes el PRD era una fiera política. Hoy es la mascota del PRI.