Armando Ortiz
11 de febrero de 2015

Una mentira, por más que la avalen quinientas o mil personas, sigue siendo una mentira; incluso si esas personas se hacen llamar intelectuales, o se hacen pasar por inteligentes. Dice la sentencia bíblica, “sea Dios hallado veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso”.

Desde el dos de octubre, Sergio Pitol fue a denunciar a su primo hermano por intentar causarle daño, específicamente por querer provocarle un infarto al miocardio al suministrarle una dosis “criminal” de Quetiapina; media pastilla antes de dormir. Sin poder comunicarse por habla o por escritura, debido a su afasia primaria progresiva no fluente degenerativa, uno debe suponer que la denuncia la llevó por escrito. Entre los documentos, ya lo hemos demostrado, iba un dictamen médico alterado, firmado por el doctor José Luis Martínez Cabañas. Luis Demeneghi, el denunciado se enteró de la denuncia 45 días después. Pero por alguna razón Rodolfo Mendoza Rosendo estaba más enterado que nadie. Esto pudiera significar una responsabilidad penal en contra de los encargados de la agencia cuarta del ministerio público, pues de manera irregular se revelaron los detalles puntuales de la denuncia en contra de Luis Demeneghi, detalles que Rodolfo Mendoza uso para, ahora lo sabemos, difamar al primo hermano de Sergio Pitol.

De hecho, lo ha seguido haciendo. En entrevista al portal de noticias Al calor político, el funcionario Mendoza Rosendo declaró lo siguiente: “la determinación de la Juez de Primera Instancia de lo Familiar, María Concepción Andrade López, se basó fundamentalmente en que este pariente (Luis Demeneghi) atentó contra la integridad física de Pitol y determinó que por ningún motivo podría tener la tutela de Sergio”. Para el señor Rosendo, director del IVEC, según este dicho, la denuncia está resuelta, “este pariente (Luis Demeneghi) atentó contra la integridad física de Pitol”. Y así lo ha estado manejando, así ha estado engañando a los incautos periodistas, a los amigos de buena fe del escritor y a los abyecto periodistas que por unos cuantos pesos publican cualquier infundio.

Tan engañados están que se olvidan que el que se ha ocupado de propagar el infundio es un hombre con problemas serios de alcoholismo. Que en día hábil de trabajo, se encuentre a las 10:00 de la mañana en el bar Chico Julio no habla de su moderación con el alcohol; que siendo funcionario público, obligado a guardar las leyes y las normas de conducta de un instituto de Cultura, le valga madres exhibirse en un lugar público, en estado de completa ebriedad, nos dice que el sujeto es capaz de cualquier cosa.

De hecho, ante tanta infamia y tanta mentira Luis Demeneghi se reserva el derecho a proceder legalmente en contra de quien lo ha estado difamando. Poco a poco la mentira del intento de asesinato está siendo descubierta. El día viernes 6 de febrero se presentó a declarar el neurólogo Mario López Gómez, doctor de mucho tiempo del escritor Sergio Pitol, quien defendió con argumentos de peso las razones por las que recetó la Quetiapina; es decir, la Quetiapina no se la administró Luis Demeneghi, fue recetada por un neurólogo del Instituto Nacional de Neurología.

Pero esas evidencias no le han importado a Rodolfo Mendoza, quien debido a su diarrea verbal, y sin poder contenerse ha seguido regando su mentira, al grado que, a pesar de que las curadoras del maestro Pitol le han solicitado que ya guarde silencio, el señor sigue defecando su mentira hasta frente a las instancias del gobierno. Ya se lo dijo a Karime Macías, ya lo sabe el gobernador y ellos, sin siquiera investigar el caso, sin poner a trabajar a los asesores jurídicos a los que les pagan mucho dinero, le han creído sus mentiras.

Rodolfo Mendoza se ha inmiscuido en el caso sin tener personalidad jurídica ni interés jurídico en el juicio de interdicción que la familia está llevando a cabo, y mucho menos de la denuncia contra el primo, denuncia que ya se ha caído. Mendoza ha violado en varias ocasiones la ley de Responsabilidad para los Servidores Públicos de Veracruz, sobre todo en el caso de la ética, la honorabilidad y la buena conducta.

Pero dice el dicho, “no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre”. Tanto la tutora legal, en carácter de provisional, Adelina Trujillo, así como las curadoras, Elizabeth Corral y Nidia Vincent, dejaron que Mendoza ejerciera actos y responsabilidades que les correspondían a ellas; lo dejaron dar entrevistas sin ser responsable del maestro, le permitieron el acceso a los archivos médicos y le comunicaron los detalles de su estado de salud.

Ya lo decíamos en un capítulo anterior a este caso, no entendemos cómo es que unas académicas muy superiores al manipulador se dejen arrastrar en su juego. Rodolfo va rumbo a un derrotero que lo obligará a rendir cuentas por sus infamias; maestras, no se dejen arrastrar por el gran manipulador.

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