Por Sergio González Levet
16 de febrero de 2015

No, no es que tenga pruebas ni fundamento, pero tampoco es una acusación directa, sino solamente una reflexión sobre una sospecha que tiene visos de ser realidad; una sospecha que me compartió un amigo que tiene un ojo especial para detectar y relacionar ciertos datos que están en el dominio público, con los que llega a conclusiones que muchas veces ni siquiera nos imaginamos los hombres comunes y corrientes, como es mi caso.

Esta especie de Mycroft Holmes (el peculiar hermano de Sherlock, que en las novelas de sir Arthur Conan Doyle mostraba una perspicacia y una capacidad de observación aún mayor que la de su famoso consanguíneo, aunque prefería mantenerse en el anonimato, apartado del mundo en un exclusivo club para caballeros solitarios; este Mycroft… perdón, perdón… regreso al tema inicial de esta columna, antes de que se me convierta en una ficha literaria).

Si me hacen el favor la lectora coludida y el lector desmemoriado de releer las primeras líneas del párrafo ante-anterior, ambos y su servidor podremos iniciar con el pie derecho (o con el izquierdo, en el caso de los zurdos) la columna de este día, teniendo en mente la sospecha de que hablo, que no es otra que la siguiente:

Es un hecho cierto y comprobable que en las últimas semanas han estado fallando de manera perniciosa los servicios de telefonía celular que ofrece Telcel en nuestro país; y de la misma manera, muchos usuarios se quejan de notorias deficiencias y lentitudes en el servicio de Internet que ofrece Telmex a través de Prodigy Infinitum.

Bien, a lo que voy es que resulta cuando menos curioso que ambas compañías, que pertenecen a un mismo personaje, el poderoso y riquísimo Carlos Slim, de pronto hayan empezado a mostrar problemas sistemáticos y persistentes en el servicio que ofrecen al público usuario, que es de muchos millones de mexicanos, pues las dos son líderes (¿o debo decir lideresas?) nacionales en la cantidad de clientes que tienen.

Mi agudo amigo sospecha que esto es una conjura emprendida por el consorcio de Carlos Slim, como respuesta a los verdaderos golpes que le ha dado el gobierno del presidente Peña al poner orden y evitar que siguiera cobrando cantidades exorbitantes por servicios que debían ser gratuitos, como la larga distancia nacional.

Su razonamiento se encamina hacia que los estrategas del empresario de origen árabe han pensado que si ofrecen un servicio ostensiblemente defectuoso, el gran público se empezará a quejar y pedirá que las cosas regresen al status anterior, cuando se pagaba más pero sí se podían hacer llamadas, mandar mensajes y conectarse a la red con cierta prontitud.

Lo que sí es real y efectivo es que los millones de usuarios de Telcel e Infinitum se quejan cada vez con mayor resonancia y está empezando a subir un clamor popular en contra de Slim, a quien los mexicanos hemos hecho el hombre más rico del mundo.

Vamos a ver cuánto aguanta él… y cuánto aguantamos nosotros.

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