En las democracias emergentes como la nuestra ¿hasta qué grado es posible identificar el destino de una población con el gobierno que la administra? La respuesta no requiere de mucho esfuerzo de análisis porque, al menos en México, no es infrecuente observar el que los gobiernos caminen en diferente dirección a la que el pueblo les señala, no son pues una y la misma cosa. De allí que sea injusta y fuera de lugar la intención de quienes solicitan a los organizadores del Hay Festival quitar la sede al Estado de Veracruz en protesta contra el gobierno de Duarte de Ochoa que “ha demostrado ser —sin exageraciones— el peor enemigo de la libertad de expresión, del derecho a la información y del pensamiento crítico en México”; es una carta que firman escritores como Juan Villoro, Alberto Ruy y Alma Guillermoprieto. Respaldan esta intención Article 19, la Asociación de Periodistas Alemán Deutscher Journalisten-Verband y el Centro Knight para el periodismo en las Américas: “Los objetivos del Hay Festival, lamentablemente, sólo han servido a una campaña del gobierno estatal que aparenta la prevalencia de un clima de libertad intelectual y crecimiento cultural”. Es muy probable que tengan razón en sus planteamientos, pero los veracruzanos nos rebelamos frente a ese propósito porque Veracruz es más grande que sus gobernantes y su destino es superior a la eventualidad existencial de los individuos o los actores políticos.