Sin duda, en cuestiones de corrupción en México se cuece ese fenómeno en todos los ramos de la administración pública y, por su número, muy acentuadamente en el nivel de gobierno municipal. Acá en Veracruz, alcaldes ha habido que al concluir su gestión se llevan todo lo que encuentran a su paso, pero ya conocen los caminos del Orfis y cómo “cabildear” allí, de tal manera que salen limpios, exonerados, de toda culpa, listos para presentarse de nuevo ante sus electores y ser reelectos. Pero en Chiapas el cántaro fue al agua otra vez y se rompió: es el caso del destituido alcalde de Tenejapa, Esteban Guzmán Jiménez, acusado de fraude y malversación de fondos públicos. Esta fichita ya había sido alcalde en el periodo 2000-2004 y fue encarcelado por siete años acusado por los mismos delitos de ahora. Sin embargo, a pesar de sus antecedentes lo volvieron a postular y ganó la elección; un preclaro caso que demuestra que así es la “democracia”, gana el (la) que más votos tiene sin importar que la corrupción cabalgue sobre nosotros.