Por José Luis Ortega Vidal
23 de marzo de 2015

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Detalles más detalles menos el plan incluyó, entre otras, dos variables que –en la práctica- delatan los afanes de un ego omnipotente.

Se pensó en transformar la Procuraduría General de Justicia en una Fiscalía renovable cada 9 años.

¿Por qué hacer tal cambio cuatro años más tarde?

Si sumamos 4 más 9 llegamos el resultado es 13 años, lo que en términos operativos abarcará a tres gobernadores: el que encabezó la creación de la Fiscalía, el que operará con ella los dos años de la minigubernatura, el del sexenio que dará inicio junto al próximo Presidente de la República.

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Se trató –de acuerdo a información obtenida por el reportero- de un plan a corto y mediano plazo cuyo principal objetivo es cuidar las espaldas no del promotor directo de la conversión de Procuraduría a Fiscalía, sino de su antecesor.

13 años son suficientes para conducir al terreno de la prescripción los eventuales delitos que un enemigo político pudiera fincar al autor de este plan de llegar al poder bajo las circunstancias de una Procuraduría renovable por cada gobernador en turno.

Dicho en otros términos: los siguientes dos gobernadores de Veracruz operarán un ente fiscalizador cuyo titular fue nombrado en los primeros días del 2015 pero terminará su encargo en el 2024 porque así lo dispuso la Legislatura local.

Si le ponemos nombre a la casa: la idea de una Procuraduría que opere bajo la figura de Fiscalía y de un Fiscal cuyo encargo sea por nueve años nació durante el mandato de Fidel Herrera Beltrán, se propuso en el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, tendrá continuidad en el contexto de la minigubernatura de dos años a elegirse en el 2016 y abarcará la mayor parte de la administración estatal a ser electa en el 2018.

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Hay más: el proyecto de una minigubernatura de años también tiene un insoslayable tufo a caña o piña como las que siembran en Nopalapan al sur de Veracruz.

Y desde luego la intención de que el gobernador de 2 años sea piñero o huasteco o ya de perdis con ascendencia tuxtleca y formación mexiquense, remite al mismo origen.

 

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Hay un “plan b” de todos conocido: de no existir las condiciones para colocar a uno de los muchachos, se impulsa desde ya a una muchacha y aquí aparece Boca del Río como el potencial Waterloo jarocho o como la escenificación política de un tétrico duelo en verso:

 

¡Tu ego contra mi ego/y no te me vas a rajar!

Contesta así Macarena: ¡Y no te me vas a rajar!

Tu ego contra mi ego/Y pelea la hay que la hay

 

Esta dramatización llamaría a risa de no haber tanto en pugna: ni más ni menos que la lucha por el control político de la entidad que representa la quinta reserva electoral del país; una de sus principales economías; un punto clave en la generación de energía de la nación: Veracruz.

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¿Hay un “plan c”?

No.

De fracasar los planes a y b surgen dos posibles escenarios: el primero consiste en negociar y en este caso sí todos los caminos conducen a Perote; el segundo implica el fracaso absoluto, la entrega de la plaza al enemigo y el apoyo en una Fiscalía local a modo.

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Todo pasa, desde luego, por las elecciones del 2015.

El próximo 7 de junio estarán en juego nueve gubernaturas de las cuales dos podrían ser panistas, una o dos perredistas y cinco o seis priistas.

Se disputarán trescientos distritos electorales federales asignación de parte de los electores preocupa -más que a nadie- al inquilino de Los Pinos.

21 de esos distritos están en Veracruz y de su repartición depende –en buena medida- el destino de los planes descritos.

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En esta dinámica del poder se enmarcan: el destape del pasado viernes 20 de marzo en Coatepec, así como las respuestas del destapado y el aludido -al día siguiente- en pleno vuelo totonaco.

 

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Desde la perspectiva ciudadana surgen múltiples y muy profundas preguntas ante tal ajedrez: ¿Cuál es nuestro destino con una economía nacional endeble ante las tormentas internacionales feroces? ¿Además de planes político/electorales futuristas existen planes financieros eficaces? ¿A alguien de los círculos de élite en torno al poder se le ha ocurrido pensar en el desarrollo social, ya no digamos como un asunto de justicia sino de estricta sobrevivencia municipal, estatal, nacional?