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El aro fue en Egipto símbolo de eternidad ya en el tercer milenio antes de Cristo. Aquella civilización interpretó su círculo dorado como compromiso inviolable: lo que el anillo, símbolo de lo permanente, unía no podía ser roto por el hombre.

Roma heredó esa creencia, que en el siglo II Aulo Gelio quiso dar explicación científica en sus Noches Áticas diciendo que cuando se practica la disección del cuerpo se descubre un nervio muy fino que va desde el dedo anular hasta el corazón, y por eso debe llevarse el anillo en ese dedo de la mano izquierda, llamado así de la voz latina ane-llus, diminutivo de anus = aro pequeño.Los hebreos lo colocaban en el dedo índice de la novia, mientras otros pueblos, como la India, lo hacían en el pulgar. La costumbre europea de colocarlo en el dedo contiguo al meñique proviene de una creencia griega del siglo III anterior a Cristo según la cual termina en ese dedo la vena del amor que nace en el corazón;

En un documento relacionado con la boda de Lucrecia de B orgia en 1493 se lee que quiso llevar el anillo de desposada en «el dedo cuya vena lleva al corazón». Creían los antiguos que no se debe engastar en él piedra alguna: hacerlo presagiaba un final brusco en la relación de los desposados.

El anillo ha conocido muy variados empleos: como relicario, como anillo sigilario o portador del sello, y también como anello della morte = anillo de la muerte, invento veneciano renacentista portador de un veneno escondido que se inoculaba a su destinatario mediante finísima aguja escondida en un ángulo y un dispositivo que liberaba la ponzoña. Ya los griegos llenaban de agua una vasija en la que dejaban caer un anillo colgado de un hilo atado al dedo para resolver pleitos, invocando a la divinidad, que era quien obraba. Junto al anillo de esponsales existió el de matrimonio, símbolo de la cadena que ata la mujer al marido: con ese valor lo utilizaron los cristianos del sigloII.

Solía grabarse en su parte interna frases como «No quieras a otro», «Te seré fiel». No tardó en sacralizarse y servir de talismán. Se le consideraó eficaz contra los orzuelos y para aliviar dolores de parto si la mujer se tomaba el cuidado de depositarlo en un altar dedicado a la Virgen.

En puntos de Cataluña, como Granadella, lo introducen dentro de una torta que la madrina regala al novio para que lo dé a su prometida, quien a su vez lo entrega al capellán que en la ceremonia extrae el anillo. Si al colocarle el hombre a la mujer el anillo, en la ceremonia nupcial, éste no llega hasta el fondo del dedo anular, la esposa querrá llevar los pantalones. Soñar que se rompe o cae de nuestro dedo significa la pérdida del amante; y si se pierde en sueños, el amor de esa pareja está en peligro.

El anillo como método de adivinación

La adivinación con anillos, conocida como dactilomancia, se relaciona estrechamente con los rituales realizados con alfileres mencionados antes. Tiene un origen muy antiguo, aunque la versión moderna se ha simplificado mucho. En la Edad Media, estuvieron en boga los anillos especialmente confeccionados para su utilización en esta forma adivinatoria. En la dactilomancia, cada uno de ellos se utilizaba en un día particular de la semana:

Sol. Hecho de oro, este anillo tenía una piedra de silicato verde grabada con la imagen de una serpiente con cabeza de león. Se le utilizaba los domingos.

Luna. El anillo de esta luminaria esta confeccionado con plata y engarzado con cristal de cuarzo, grabado con dos Lunas crecientes. Se llevaba los lunes.

Mercurio. Estaba elaborado de estaño o plomo. Llevaba una cornalina grabada con un caduceo —una varilla con dos serpientes entrelazadas—. Se le usaba los miércoles.

Venus. Realizado con cobre, este anillo ostentaba una esmeralda y estaba grabado con un símbolo de unión sexual. Se portaba los viernes.

Marte. Hecho de hierro, poseía un rubí que exhibía una serpiente mordiendo la empuñadura de una espada. Se utilizaba los martes.

Júpiter. Estaba constituido de estaño con un topacio grabado con un águila y una estrella de cinco puntas. Se reservaba para los jueves.

Saturno. Elaborado de hierro y montado con un ónix que ostentaba la imagen de una víbora rodeando una piedra. Correspondía a los sábados.

Para usar estos anillos, tres letras del alfabeto se grababan en discos de metal. Éstos se colocaban sobre una mesa redonda marcada con los signos del zodiaco y los planetas. Se sostenía de un hilo de lino un anillo del metal apropiado, que se suspendía sobre la mesa.

Después de una oración, una antorcha consagrada se aplicaba al hilo. Al quemarse, el anillo caía sobre la mesa. Este proceso se repetía siete veces. Las letras sobre las que caía el anillo y aquella en la que se detenía se agrupaban para formar una respuesta a la pregunta.

El método moderno es mucho más simple. Anude un hilo a un anillo (se prefieren las argollas nupciales de oro, pero se puede usar cualquiera). Suspéndalo sobre un vaso vacío. Formule su pregunta. Si el anillo golpea sólo una vez, la respuesta es sí; si lo hace dos veces, no. Espere unos momentos después del primer golpe para ver si seguirá otro.

Alternativamente, observe la dirección en la que el anillo golpea el vaso. Si choca con el lado izquierdo, el augurio es malo; si golpea el lado derecho, bueno. Si golpea contra el extremo lejano del vaso, malo; contra el extremo cercano, bueno.

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