Ya en plan de no ser tan exigentes la ciudadanía pudiera aceptar que los índices delincuenciales han bajado, como lo afirma el gobierno, pero a cambio éste debe reconocer que realmente existe inseguridad. Este innecesario debate lo ha creado el propio gobierno, que en vez de preocuparse por eficientar el combate a la delincuencia se enfrasca en intentos inútiles por convencer a la población que hay menos delitos. Si el alcalde de Coahuitlán es agredido a balazos y el de Coatepec pide a gritos que se instale el Mando Único para “disminuir los hechos delictivos”; si en el sur los secuestros están a la orden del día, si un día sí y otro también aparecen cadáveres con el tiro de gracia y rastros de tortura, es evidente que hay inseguridad; esos son hechos, no palabras. Más claro no puede ser el edil de Coatepec: “Creo que de la muerte del tesorero para acá, a Coatepec lo han satanizado, yo soy el responsable y quiero decirles que Coatepec tiene delincuencia, robos a casa habitación, asaltos, aunque esto antes no lo había, ahora lo hay y, en todo el país”.