Por Armando Ortiz
06 de marzo de 2015

Seguramente la película Cincuentas sombras de Grey se convertirá en el fraude cinematográfico del 2015. Anunciada como una película cargada de erotismo puro, al final resultó ser un filme con un argumento endeble, lleno de clichés telenovelescos y con un erotismo falso pero que abunda en una sexualidad artificiosa y fútil.

La historia podría incluso ser la suma de esa trilogía de Marías que grabara para la televisión la singular Thalía.  Es decir, qué de novedoso hay en plantear la historia de la chica sencilla, universitaria que es seducida por el ejecutivo joven y guapo; o la historia de la mujer que no se siente digna de semejante hombre, y que accede a todos sus acosos, para que al final transforme la vida de su acosador, obligándolo a cuestionarse los parámetros del amor; o lo que es peor, el dominador que ejerce su jefatura sexual sobre la mujer sumisa y que al final, por su misma actitud sumisa, lo llena de conflictos morales.

¡Por favor! El dominador es el dominador y no se detiene a contemplar las lágrimas de la sumisa por el simple hecho de que está entretenido en sus propios orgasmos.

Luego esas escenas de sexo tan trilladas, tan de catálogo. Vale señalar que Cincuenta sombras de Grey llega castigada por la cultura de la pornografía que abunda en la web y que ha afectado a un chamaco de 15 años, con más razón a uno de 18 que legalmente ya puede entrar a la sala de cine a ver la película. Los que ven las escenas de sexo las sienten lacias, sobre todo porque están afectados por la genitalización del acto sexual. Para los pornógrafos del siglo XXI Cincuenta sombras de Grey es un cuento infantil contado en las piernas de la abuela.

Lo peor de todo es que el erotismo que plantea esta película carece del elemento básico para llamarse erotismo, es decir la imaginación. Señala Octavio Paz en su libro La llama doble. Amor y erotismo: “Ante todo, el erotismo es exclusivamente humano: es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad de los hombres. La primera nota que diferencia al erotismo de la sexualidad es la infinita variedad de formas en que se manifiesta, en todas las épocas y en todas las tierras. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo”.

Cincuenta sombras de Grey carece de imaginación por lo que las escenas que presumen de eróticas terminan siendo de un sexo artificioso y monótono.

Aquellos, aquellas, que le vieron méritos a esta película sólo ponen en evidencia su escaso conocimiento de la literatura erótica o del cine erótico de calidad; sólo muestran la frigidez de su imaginación. Emmanuelle 2 con Sylvia Kristel y con música de Francis Lai supera desde la primera escena a este bodrio cinematográfico.

La película está basada en la novela de la autora inglesa E. L. James. Bueno, desde D. H. Lawrence, autor de El amante de Lady Chatterley, no conozco a ningún inglés que haya sido capaz de superar esa obra. ¿De dónde sacaron que los flemáticos ingleses del siglo XXI son los maestros del erotismo? ¿Acaso no han visto la cara caballuda de Camila Parker Bowles? ¿No imagino qué emoción pueda despertar ese rostro en el alma del príncipe Carlos?

El éxito de Cincuenta sombras de Grey se basa en una maquinaria publicitaria enorme, pero al mismo tiempo se basa en una sociedad incauta a la que le puedes vender cualquier producto milagroso para bajar de peso o para quitar las arrugas, simple y sencillamente porque lo vieron anunciado en televisión.

Definitivo, Cincuenta sombras de Grey es erotismo para incautos, para mujeres frígidas o para eyaculadores precoces. ¿Usted decida si va a verla?

 

 

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