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Hay días para todo y hoy, 25 de marzo es el Día Mundial del Gofre. No sabemos quién tuvo la idea de dedicar una jornada a esta delicatessen, y tampoco estamos al tanto de si la UNESCO contempla la posibilidad de honrar a esta creación gastronómica como Patrimonio de la Humanidad. Pero sí que podemos apuntar que el Día Mundial del Gofre no es el mismo que el Día Mundial del Crepe. Esta última efemeride se celebra el 2 de febrero con ocasión de la Candelaría francesa (la Chandeleur).

¿Qué es lo que diferencia a un gofre de un crepe? Fisionomía y nacionalidad. En primer lugar el gofre es un invento belga, y el crepe es una obra francesa. Confundirlos sería como comparar al Manneken Pis con la Torre Eiffel. En segundo lugar el gofre moderno tiene sus orígenes en la cocina medieval y su nombre deriva de las ‘waffer’, dos placas de metallas anilladas que daban forma a la masa. Y el crepe bretón se hace sobre una plancha caliente, una placa generalmente redonda y amplia. Así pues, mientras que el gofre se define por su volumen y una apariencia habitual de rejilla, el crepe es plano y extendido.

Dicho esto, cabe admitir lo obvio: gofre y crepe vienen de la misma madre. Harina, leche, azucar, huevos, levadura y mantequilla componen la masa que desde la vieja Galia se extendió al mundo adoptando otros nombres: tortitas, panqueques, filloas…