En Chihuahua, en la elección anterior para elegir gobernador hubo un abstencionismo del 75%; en 2009 en Guerrero se eligió un gobernador con acentuado abstencionismo entre 70 y 74%; un fenómeno similar ocurrió ese mismo año en la elección de Michoacán en donde un 70% de los electores no acudió a las urnas. Con esos antecedentes no debiera prevalecer el optimismo para estas elecciones pues el contexto social de pobreza y rezago sociales no han variado en esencia y sí en cambio la violencia se ha recrudecido al grado de amenazar con evitar que el proceso electoral se lleve a cabo. Todo configura un cuadro favorable para el abstencionismo y en consecuencia para que la clase política se sirva con la cuchara grande.