Por Claudia Guerrero Martínez
19 de marzo del 2015

Después del “niño ahogado”, coloquialmente hablando, la administración de Javier Duarte de Ochoa da un giro al timón administrativo para anunciar, durante la toma de protesta del nuevo y sexto Secretario de Finanzas, Antonio Gómez Pelegrín, de un repentino recorte presupuestal en las finanzas de Veracruz y, además, ahora resulta que Duarte “se amarrará el cinturón” en gastos innecesarios y mal designación de recursos.

Extrañamente, tampoco creemos que sea una coincidencia que Gómez Pelegrín se desempeñara como Director de Administración de la Contraloría del Estado y fuera el encargado de la Fiscalización de los Fondos Federales. Por su buen “desempeño”, es nombrado como titular de SEFIPLAN, en medio de un escándalo nacional, por las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación, organismo que detectó desvíos de recursos por más de siete mil millones de pesos en la administración duartista, en la Cuenta Pública 2013 y también rezagos en la del 2011 y 2012. Y los expertos en el tema, aseguran que la cifra real es de 28 mil millones de pesos.

Interesante ver cómo Tomás Ruiz González, Carlos Aguirre Morales, Salvador Manzur Díaz, Fernando Charleston Hernández y el ahora saliente Mauricio Audirac Murillo, todos, sin equivocarnos, han sido cuestionados y señalados por desvíos de recursos estatales, malversación de fondos, enriquecimiento personal y lamentablemente “todos”, actualmente son premiados con nuevos cargos públicos estatales y federales, sin tener castigo.

Por lo pronto, el anuncio ocurrente de que habrá recortes presupuestales. Y esperemos no ser en detrimento de los mismos trabajadores burocráticos, a quienes siempre les “cargan la mano”, como fue en la organización de los vergonzosos Juegos Centroamericanos y del Caribe, en los cuales, se realizó indebidamente descuentos, de varios porcentajes, en los cheques de nómina de los empleados de Gobierno y al final, el dinero se fue a carteras ocultas, dejando al Estado con una enorme deuda, tanto con el Comité Internacional así como también con proveedores y prestadores de servicios.

Y en vez de anunciar recortes presupuestales espectaculares, que estamos seguros, se limitarán a ser sólo “anuncios”, ya que ojo, la pobreza es difícil de administrar. Javier Duarte de Ochoa, quien se jactaba de ser un experto en finanzas y en temas económicos, nos quedó mucho a deber, gracias a sus pésimas estrategias administrativas, saqueo a las finanzas y no distribuir los dineros correctamente. Y también, gracias a Duarte, el estado está quebrado, sin tener margen para moverse, viéndose cooptado y enfermo por su deuda y acreedores.

Decimos que la culpa es de Duarte de Ochoa, pues en cualquier empresa o negocio, el dueño o jefe que permite robar a sus empleados o en este caso, sus funcionarios, quienes desviaron recursos para beneficio personal, el culpable directo es Javier Duarte. Y peor, también permitir, que sus colaboradores se enriquezcan personalmente de manera vergonzosa y abierta. No dudamos, que el propio Javi Du haya robado dinero del “cajón” presupuestal estatal. Si tus empleados te ven robando como jefe, sería increíble pensar que ellos no lo harían.

Un caos ésta administración, en la que el propio Javier Duarte se excusa asegurando haber heredado problemas y desvíos de recursos. Entonces, a más de cuatro años de administración, ¿apenas se dio cuenta de esto?. ¿Por qué no hizo las denuncias correspondientes y aprehender a los culpables, encabezados por Fidel Herrera Beltrán?. La razón lógica: Porque Duarte era cómplice.

La misma lógica te lleva a entender, que aquí hay una colusión gubernamental y en estos cuatro años y cuatro meses de administración estatal, han sido de los llamados de “Hidalgo”, por el saqueo descomunal. Y tarde o temprano, como dice el viejo refrán, la porquería tiende a flotar.

 

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