Por Martín Quitano Martínez
04 de marzo de 2015 

El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.

Cicerón (106 AC–43 AC) Escritor, orador y político romano. 

Más allá de celebrar el triunfo cinematográfico del mexicano González Iñárritu en la pasada entrega de los Óscares, el laureado director ocupó ese foro y micrófono para pronunciarse sobre dos temas centrales e íntimamente ligados al mundo que padecemos los mexicanos: el primero las formas y los tratos a los que se encuentran sometidos millones de paisanos y latinoamericanos en el territorio estadounidense, donde las condiciones discriminatorias del país dominante estigmatizan las migraciones a partir de la visión del conservadurismo estadounidense que no recuerda su historia inmediata de nación de migrantes.

El otro tema al que aluden las palabras del cineasta tocan la aspiración de tener el gobierno que merecemos, lo cual obliga a discutir si es este gobierno nacional que tenemos actualmente es el gobierno que nos merecemos, aplicando la misma reflexión para los gobiernos estatales y municipales de los que se dan amargas quejas en muchos de los casos, y es que tal vez son éstos los gobiernos que realmente nos merecemos porque como ciudadanos permitimos que se construyan y reproduzcan en el marco de nuestras limitaciones ciudadanas.

Por eso sería sano para nuestra democracia discutir si realmente sucede que tenemos el gobierno que nos merecemos, ese donde el antiguo y vigente esquema de la compra, de la tranza y la simulación, les ha permitido a los gobernantes graduarse de cínicos y déspotas, respaldados por la aceptación de esos mecanismos con algunas flagelaciones sociales pero sin respuestas claras, otorgándoles en las encuestas incluso la expectativa de la continuidad.

Los criticables comportamientos de la mayoría de los gobiernos y de las representaciones políticas en nuestro país, fomentan, profundizan el descrédito, el sello de incompetencia que día a día se muestra, los palpables ejercicios de opacidad, los desvíos y utilización de recursos públicos para amasar fortunas, sin embargo todo deja claro que no es el tipo de gobiernos que pueden ser inmediatamente tirados al bote de la basura, porque por el contrario los escenarios de futuro les son halagüeños.

Hallar y construir el gobierno que nos merecemos –parafraseando a González Iñarritu–, es una tarea que implica hacer mucho más que rumiar y maldecir, mucho más que lamentarnos de los maltratos de los que malgobiernan, de los que hacen un insolente ejercicio privado enmascarado en sus quehaceres públicos,  los mismos que desvergonzadamente sonrientes, socarrones y complacidos se felicitan al saber los resultados de encuestas que los ponen en la punta de las preferencias.

Construir gobiernos distintos es el reto, cerrando el paso a la continuidad de los descaros; avanzar en ese camino debe de ser actividad diaria que se concrete en el comportamiento ciudadano, una conducta responsable y obligada para con sí y con los demás que derrote la apatía, las omisiones y las complicidades intrínsecas del dejar hacer; porque cuando no se reclama la rendición de cuentas que nos deben quienes gobiernan, al no participar de forma más comprometida en la vida pública, estamos también dejando pasar la posibilidad de hacer mejores gobiernos.

Se avecina un proceso electoral que abre una ventana de oportunidad para hacer el ajuste de cuentas correspondiente, tenerlo presente y actuar en consecuencia es nuestra obligación, o tal vez a contramano de lo dicho por González Iñarritu, continuaremos votando y sufriendo los gobiernos que nos merecemos.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Comentario chusco, descarnado, humillante pero cargado de verdad, Coatepec, de Pueblo Mágico a Pueblo Trágico.

 

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