Por José Luis Ortega Vidal
27 de marzo de 2015

(1)

Los tiempos de la política no son los tiempos de la justicia.

Tampoco son los de la administración, la eficacia, la responsabilidad, la transparencia.

En México –y Veracruz no es la excepción- los tiempos de la política suelen ser marcados por el calendario electoral, la opacidad, la complicidad, la inteligencia dirigida al enriquecimiento individual y la satisfacción de la ambición por encima del interés colectivo, el desarrollo social, el sentido humano.

 

(2)

El 19 de noviembre próximo la construcción del Túnel Coatzacoalcos cumplirá once años de haberse iniciado.

Hoy, la mega obra lleva más de un año detenida.

Con un presupuesto inicial de 1 mil 784 millones de pesos la creación del Túnel  dio inicio con Miguel Alemán Velasco en el gobierno veracruzano; continuó durante el sexenio de Fidel Herrera Beltrán y se detuvo durante el cuarto año de la administración de Javier Duarte de Ochoa.

En el contexto del quinto año de la gestión duartista el poderoso río Coatzacoalcos mueve las aguas nacidas en Oaxaca en dirección al delta por el que -se cree- marchó Quetzalcóatl convertido en serpiente dueña de alas sin que un solo ingeniero o –digamos- un albañil especializado en el rubro mueva un solo dedo.

Si los pelícanos y las gaviotas que cazan restos de pescados y mendrugos entre Puerto México y Villa Allende nos pudieran contar lo que han visto seguramente hablarían del capitán de un remolcador que el 12 de septiembre del 2012 murió en una difícil maniobra del catemarán holandés que vino –se dijo- a dar los últimos toques al proyecto cumbre de la ingeniería acuática en México.

¿Recordarían pelícanos y gaviotas que en julio del 2014 el entonces titular del ORFIS, Lorenzo Antonio Portilla Vázquez, informó sobre una denuncia contra los responsables de saquear el multimillonario presupuesto asignado al Túnel?

¿Detallarían –a cambio de comida- el destino de dicha denuncia en manos de la entonces Procuraduría General de Justicia de Veracruz y hoy Fiscalía General en manos de Luis Angel Bravo?

¿Qué nos contarían sobre el presunto desvío de 225 millones de pesos correspondientes a la cuenta pública 212 y a cargo del Fideicomiso del Túnel Sumergido?

¿Dónde están, qué hacen, qué cuentas nos pueden entregar las empresas Concesionaria Túnel de Coatzacoalcos S.A. y la española FCC Construcción, a las cuales les fue asignada la obra y obtuvieron la concesión del Puente Coatzacoalcos I de cuyo peaje obtuvieron ingresos para el financiamiento?

¿Por qué a los 1 mil 784 millones de pesos iniciales se les hizo una ampliación presupuestal a 2 mil 066 millones y al mes de julio del 2014 el proyecto llevaba 4 mil 913 millones de pesos invertidos sin que –hasta  la fecha- se haya concluido?

El 22 de septiembre del 2004 –a punto de concluir su mandato- Miguel Alemán firmó el título de concesión entre el gobierno de Veracruz y la Concesionaria del Túnel de Coatzacoalcos, S.A. de C.V. (COTUCO).

En noviembre de aquel año se colocaba la simbólica primera piedra y se afirmaba que la obra sería única en América Latina y habría de concluirse en el 2007.

¿Por qué tan tanto dinero se ha ido a la basura y no hay una sola persona ni del lado de las empresas responsables ni del lado de las administraciones públicas subsecuentes ocupando su respectivo lugar en la cárcel?

¿A esto le podemos llamar Política?

¿No se llama -estrictamente- corrupción, complicidad, saqueo del erario público?

 

 (3)

La revista PROCESO publicó el 7 de mayo del 2014:

La obra magna del Túnel Sumergido en Coatzacoalcos, cuya construcción inició hace una década en el sur de la entidad, ya “duplicó” su costo inicial: de los 2 mil 66 millones de pesos proyectados originalmente a la fecha se llevan invertidos 4 mil 913 millones.

Así lo dio a conocer Gerardo Buganza Salmerón, secretario de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP) del gobierno de Javier Duarte, durante su comparecencia ante el pleno del Congreso local.

El funcionario reconoció que dicha obra ha estado plagada de irregularidades, las principales: desvío de recursos, fallas estructurales, hundimientos y soportes mal hechos.

Por esa razón, diversos funcionarios –del anterior sexenio y del actual–, así como representantes de la empresa Concesionaria Túnel de Coatzacoalcos, S.A. (Cotuco) y de la española FCC Construcción, se encuentran sujetos a investigaciones en los fueros común y federal.

A partir de tales hechos, Buganza Salmerón equiparó la obra del Túnel Sumergido con la Estela de Luz y la Línea 12 del Metro.”

 

Estamos a punto de concluir marzo del 2015 y las palabras de Buganza aún no se convierten en realidad en ningún sentido:

}

  • No hay justicia porque a la fecha no se ha detenido a un solo responsable del encarecimiento –sin fundamento explicado públicamente- de una obra que sin operar ha costado más del doble al erario veracruzano y podría llegarse al triple.
  • No hay transparencia porque no hay una comparecencia ante el pueblo veracruzano en la que se detallen los motivos sobre el gasto excesivo y el tiempo –casi once años- aplicado en un proyecto originalmente planeado para sólo 36 meses.
  • No hay eficacia porque la obra no arranca y no sabemos cuánto dinero se deberá añadir a los casi 5 mil millones de pesos ya gastados además de que nada garantiza que la canalización de más recursos se traduzca en la conclusión del Túnel y en el beneficio social y económico para el que fue proyectado.

La próxima semana arrancan las campañas electorales y, como hemos dicho, este asunto sí ocupa a nuestra clase política que suele poner todo su empeño, recursos y talento en dichos menesteres.

Llegarán las gorras  y las playeras; junto a la labia se sumarán selfies y saludos de candidatos y candidatas cargando niños, abrazando viejitas, bailando con hombres y mujeres de risa fácil en un encuentro tan fugaz como patético del poder y la pobreza que por unos cuantos días abandona su anonimato y se convierte en alguien, en persona de carne y huevo, en gaviota, en pelícano traicionados por todos incluyendo a sí mismos; pero sobre todo se convierten en votos.

 

(4)

¿Y el Túnel?

Difícil saberlo.

La Ley Electoral permite la continuidad de obras pero cancela el anuncio de éstas.

Si el Túnel se arranca entre abril y mayo sólo veremos a gente trabajando pero no tendremos datos concretos sobre el fondo financiero, político, administrativo, de planificación que les mueva.

Si concluida la elección el Túnel no ha arrancado podríamos escuchar el pretexto de que los comicios pararon -esta vez- la obra que en unos meses entraría en su doceavo año de vida inerme, inútil, vergonzosamente detenida.

 

(5)

Ojalá el sexenio de Javier Duarte no concluya sin antes haber inaugurado el Túnel Sumergido de Coatzacoalcos.

Sería muy doloroso tener que preguntar a las aves -que pueblan el río Coatzacoalcos- su opinión al respecto.