Todo comenzó con aquel sueño de la bursatilización, que más bien fue delirio de quien no supo aprovechar la oportunidad de servir a sus conciudadanos; está documentado que en sólo diez años los municipios veracruzanos emprendieron una imparable carrera hacia el excesivo e inexplicable endeudamiento financiero, lo peor del caso es que no existe en la infraestructura física ninguna constancia que acredite el dinero que ahora deben 205 de los 212 municipios en que se divide el estado: 3 mil 700 millones de pesos no son poca cosa cuanto de trata de pagarlos. Agréguese 800 millones de pesos por pasivos laborables y el escenario está completo; ¿qué podrá hacer, por caso, Hueyapan de Ocampo cuya deuda tiene comprometido el 100% de sus participaciones? ¿Alguien ha llamado a cuentas al alcalde que cometió ese grave perjuicio? ¿El Orfis ha contrastado la penuria económica de ese municipio con las lamentables condiciones de su infraestructura? Son preguntas que no tienen respuesta. En ese panorama destacan los municipios que no tienen deuda por pagar: Acatlán, Boca del Río, Calcahualco, Filomeno Mata, Landero y Coss, Miahuatlán y Tatatila.