Por Elsa de León A.
20 de marzo de 2015

Escuché con mucha atención y con más vergüenza el audio que circula por la red del exabrupto de la síndica de Martínez de la Torre Karla Estrada Gómez, “Lady Síndica”, como se conoce ya en las redes sociales.

Supuestamente indignada y fuera de sí, porque -según nota periodística del portal e-consulta.com de Veracruz- agentes golpearon a su hijo.

Lo que llama mi atención del audio, que después pude escuchar en YouTube, es la manera en la que se expresa Karla Estrada Gómez.

Con un vocabulario indigno de decir por una mujer y menos de repetir por otra mujer, denota una actitud emocional completamente fuera de la realidad.

Hablando como un carretonero o quizá peor, la señora se ostenta como un vil hombre, cuando habla que tiene más de las partes íntimas de los hombres que todos los policías juntos.

Además dice en el audio que ella vale más que una parte íntima masculina.

La verdad, lo digo con toda la honestidad del mundo, y sin negar que yo uso malas palabras cuando me encuentro en confianza: es denigrante escuchar hablar así a una mujer.

Al analizar este hecho, no me queda más que pensar en el libro Las mujeres que aman demasiado de Robin Norwood, que en alguna ocasión tuve la oportunidad de leer. Al rememorar su contenido, recuerdo que me hizo cambiar el paradigma que como madre tenía, según yo, del amor desmedido que una madre siente por un hijo. Pero a nivel general también. Eso de que “a mi hijo nadie lo toca, sólo su madre”, es un amor enfermo, que denota muchas cosas, Entre ellas: “mi hijo puede hacer lo que sea y sólo su madre lo puede castigar”. Está mal, muy mal.

Recuerdo igualmente el libro La inteligencia emocional escrito por Daniel Goleman, que también disfruté hace algunos años y que me dejó mucho, quizá todo lo mejor de mi crecimiento como persona. Ese concepto, el de la inteligencia emocional, hasta hace unos años era tan desconocido y terminó resultando que la inteligencia emocional era más importante que la inteligencia intelectual.

Al escuchar el audio y la exaltación de Karla Estrada Gómez, síndica del Ayuntamiento de Martínez de la Torre, cuando acusaba a los policías de que habían golpeado a su vástago, pienso que quizá el chavo es muy joven y está en proceso de desarrollo. Me imagino que quizá es un adolescente, ya que ella parece una mujer joven.

Muchas son las cosas que hay que analizar, pero las dos que a mi juicio son las más importantes, es el vocabulario que usa esta mujer y la falta de control emocional que demuestra ante el hecho.

Eso precisamente, mujeres, es lo que nos hace perder ante los hombres.

Para empezar el querer emparejarnos, y tratar de ser y comportarnos como los hombres, siendo mujeres.

Hablar como ellos e irnos a los golpes encima de ellos (que ya nos dio una fama nacional a las veracruzanas), por no saber cómo controlar nuestras emociones.

Lo malo de las mujeres son las demasiadas hormonas, que son muy buenas para ciertas cosas pero nos dañan, y la memoria histórica, que no ayuda a olvidar, sino que si vuelve a pasar algo en un mes, lo volvemos a sacar a colación.

La forma de hablar delata la manera en que somos. Entonces, me pongo a pensar en las personas que esta mujer representa en la comuna de Martínez de la Torre, y me pregunto si saben cómo ella se expresa y si eso es lo que quieren de representante.

La experiencia me dice que hay que tener control sobre nuestras emociones. Que nadie debe sacarnos la piedra, como se dice vulgarmente, o hacernos enojar y menos enfurecer. Y sobre todo, como mujeres, debemos de cuidar las cosas que decimos, sobre todo cuando estamos enojadas.

También la experiencia me dice que los hijos son los anhelos de la vida, que vienen a través de nosotras, pero que no son parte de nosotras, que no son ni nuestras piernas, ni nuestros brazos y que debemos dejar que ellos vivan sus propias experiencias, y si son susceptibles de ser castigados, pueden ser castigados por quien deban ser castigados.

Otro libro recomendado para la síndica sería El arte de amar, de Erich Fromm, por aquello de que el amor por el hijo la ciega.

No es bueno amar demasiado, ni siquiera a nuestros propios hijos. Hay que amarlos con medida. Y con medida administrar nuestras emociones. Pero, sobre todo, conocer de límites, y saber aplicarlos en todo momento.

 

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