Por Sergio González Levet
12 de marzo de 2015

Eso de ser derecha o de izquierda en política fue una moda y una definición que duraron más de dos centurias, y durante el siglo XX tuvieron relación directa con una posición conservadora frente a una revolucionaria.

Era tal la situación, que cada partido, cada político, cada luchador social, cada funcionario o representante social se veían de alguna manera u otra obligados a dar fe de su orientación ideológica, con la consecuencia de que se crearon varias modalidades eufemísticas para soslayar la falta de un compromiso político y/o social. Y así nacieron las corrientes de centro, y después de centro–izquierda y centro–derecha.

Pero, ¿de dónde viene esa división en derechas e izquierdas? Acudo a la Wikipedia y me entero que los términos izquierda y derecha políticas tienen “su origen histórico en la votación que tuvo lugar el 11 de septiembre de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa, en la que se discutía la propuesta de un artículo de la nueva Constitución que establecía el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de la propuesta, que suponía el mantenimiento de hecho del poder absoluto del monarca, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, y defendían que el rey sólo tuviera derecho a un veto suspensivo y limitado en el tiempo, poniendo por tanto la soberanía nacional por encima de la autoridad real, se situaron a la izquierda del presidente. Así el término ‘izquierda’ quedó asociado a las opciones políticas que propugnaban el cambio político y social, mientras que el término ‘derecha’ quedó asociado a las que se oponían a dichos cambios”.

Lo cierto es que durante el XX, que fue un siglo de revoluciones y movimientos liberadores, vestía más ser de izquierda que de derecha, aunque tenía más provecho –por decirlo de algún modo– ser de esta última tendencia, toda vez que sucedió que las más de las veces mandaban las minorías reaccionarias.

Me ocupo de la derecha y la izquierda porque parece que pronto esa división pasará a ocupar su lugar en el archivo de la historia. Ya no rifa ahora la cómoda división de antes en que, por ejemplo, los panistas eran conservadores, los perredistas se presentaban como revolucionarios y los priistas eran de todo lo que querían ser, según la orientación de su presidente (Díaz Ordaz, anticomunista; Echeverría, populista; López Portillo, antiyanqui, De la Madrid, Salinas y Zedillo, neoliberales).

Y es que ahora podemos ver a diputados panistas que trabajan por la inclusión social, a militantes de la izquierda que van de la mano con el más poderoso empresario mexicano, a priistas que son conservadores. Y todos conviven dentro de sus partidos con las expresiones más disímiles.

Antes, la gente votaba por razones ideológicas; hoy, lo hace por motivos económicos. Si quería uno un representante cercano a la Iglesia, hipocritón, honorable y en favor de lo establecido, pues cruzaba el circulo azul en la boleta electoral, y todos satisfechos.

Pero ahora ya nada está claro. Por eso la gente ya no vota por partidos, sino por candidatos. Y ahí algunos la llevan de ganancia.

Ya veremos.

 

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