Después del dos de octubre de 1968 el presidente Gustavo Díaz Ordaz vivió y sufrió la condena popular, la estima hacia su gobierno y persona volaron a ras de piso. Más para acá, el deterioro de la imagen presidencial se dio cuando López Portillo devaluó la moneda a pesar que había ofrecido defender al peso “como un perro”. Ernesto Zedillo también conoció la devaluación presidencial en febrero de 1995, de sólo 23 por ciento a su favor después de “los errores de diciembre”, antes de esa fecha tenía 76%. Actualmente advertimos ese fenómeno en el caso del presidente Peña Nieto, después de Tlataya y Ayotzinapa, en 2014, con apenas un 25%. Esta medición nos demuestra lo difícil que es gobernar una sociedad hastiada de sus políticos.