Por Mario Mijares
30 de marzo de 2015

“No hay nada oculto que no deba ser manifestado ha dicho Jesús (el iluminado) Y lo que se murmura al oído debe gritarse por encima de los tejados”. E. Lévi, p. 10.

1.- Alphonse Louis Constant, es el nombre con el cual fue bautizado, quien años más tarde optaría el seudónimo de Eliphas Lévi. Él nació el 8 de febrero de 1810 en la rue des Fossés Saint-Germain-des-Prés, Francia. Su vida es realmente excitante en todos los sentidos, pero quizás la muerte de sus seres queridos es lo que hace que en plena madures se refugié en la corriente del Esoterismo. Su padre muere cuando niño, su madre se suicida al enterarse de que su hijo había dejado el seminario, la pequeña hija a quien amaba con todo su corazón muere a los 9 años de edad. Después de ese suceso, la esposa que tenía una aventura con el marqués de Montferrier (cuñado de Wronski) desde hacía algún tiempo, se fugó un día para nunca más volver.

2.- Eliphas Lévi, al cobijarse en la lectura y escritura de forma sorprendente deja más de 50 obras. Hay temas puntuales como “el mesmerismo”, un modelo tendente a indagar en el pasado y presente del ser humano, éste siempre convulso en el éter invisible, tal tesis posteriormente cae en el hipnotismo. En este sentido, Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, en su condición de médico, años más adelante investigó la hipnosis en profundidad, tal tratamiento es tomando de la idea de transferencia del “mesmerismo”.

3.- Sin embargo, el tema que me permito reproducir del presente autor, va más apegado a la Semana Santa. Una parte del pensamiento E. Lévi, esta reproducido en un pequeño libro, mismo que me fue heredado por mí padre biológico. El titulo es: Libro de los esplendores, el cual se está desbaratando de viejo. El tema es “Los elementos de la Cabala en diez lecciones”, las cuales son cartas escritas por Eliphas Lévi, y reproducidas por uno de sus alumnos dice:

Señor y hermano.

“[…] Siendo la verdad la esencia misma de aquellos que no es difícil encontrar, está entre nosotros y nosotros estamos en ella; es como la luz, que los ciegos no ven.

El ser es. Esto es incontestable y absoluto. La idea exacta del Ser es la verdad; su conocimiento es la ciencia; su expresión ideal la razón; su actividad es la creación y la justicia.

Decís que queréis creer. Para ello basta conocer y amar la verdad. Porque la verdadera fe es la adhesión inquebrantable a las deducciones necesarias de la ciencia en el infinito conjetural.

La ciencia es la única que da certeza, porque toma las bases de la realidad y no las ilusiones.

Permiten discernir en cada símbolo religioso la verdad y la mentira. La verdad es la misma por doquier, y la mentira varía, según los lugares, los tiempos y las personas.

Cábala o ciencia tradicional de los hebreos, podrían denominarse las matemáticas del pensamiento humano. Es el álgebra de la fe.

Resuelve con sus ecuaciones todos los problemas del alma, despejando las incógnitas. […] El estudiar la Cábala, es llegar a la paz profunda mediante la tranquilidad del espíritu y el sosiego del corazón.”

Profesión de fe.

“Creemos en la soberanía eterna e infinita.

En la sabiduría inmutable y en la inteligencia creadora, en la belleza suprema. En la bondad equitativa y en la justicia misericordiosa y amante. Creemos en la fecundidad del progreso y en el orden eternamente progresivo.

Creemos en el principio de la vida universal, en el principio del ser […] creemos que el principio está en todos nosotros y habla de cada uno de nosotros por la voz de la consciencia, la cual no puede ser iluminada sin el concurso de la fe de la razón, y de la piedad.

[…] Creemos en la vida eterna. No tememos a la muerte, ni de nosotros ni de los vivos a quienes amamos.”

Una feliz semana de recogimiento mental y espiritual, para todos los lectores de esta columna.