Por José Luis Ortega Vidal
13 de marzo de 2015

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Ayer: Acayucan, Veracruz, México, han amanecido sin uno de sus grandes artistas plásticos nacido en un lugar pletórico de zapotes al sur del Sotavento.

Sixto Aparicio Candelario realiza desde este final de invierno retratos de Dios con curvas por doquier, color ad infinitum, trazos de rostros diminutos; la suya habrá de ser una suerte de rostro femenino.

Insisto: al maestro la poética le traía –sobre todo– diálogos con mujeres que –como sabemos– son creación divina.

Muralista, pintor de caballete, escultor, Aparicio deja un vacío imposible de llenar.

Su partida en el pináculo de la existencia física y artística duele en primer lugar por la escasez de los espíritus sublimes y generosos y el suyo lo fue.

También porque la tragedia de los padres diciendo adiós a los hijos representa el cenit de las pruebas de Dios.

Lacera porque Sixto ya no está con nosotros y no hay manera de encontrar otro Sixto.

Fue único y el tiempo que nos lo hubieran prestado –sin importar que fuesen siglos– nos habría parecido siempre poco.

Hay mucho, todo por decir y no hay más que decir.

Así, dialéctica, es la existencia de los grandes seres humanos y el barrio Zapotal en el Acayucan de todos los tiempos el miércoles pasado tuvo un amanecer sombrío al decir adiós al hijo depositario del color, de todos sus colores, del talento que –indescriptible– obliga a echar mano de los sustantivos propios: Sixto Aparicio Candelario.

¿Cómo detener el llanto inenarrable de todos los zapotes?

 

POSTDATA

Javier Duarte acudió al domicilio de Carlos Brito, en Xalapa. Allí, convivieron personajes clave en el agitado escenario político de la entidad a punto de librar el duro cierzo invernal jarocho.

Salió a colación el tema de Pepe Yunes Zorrilla.

No hay rompimiento entre el Senador y el Gobernador; dicho por el propio titular del ejecutivo.

El de Perote, afirmó Duarte, no está descartado para sucederlo en el 2016.

Camina tan firme a la nominación priísta como cualquier otro aspirante sin dedazo porque la candidatura se determinará por popularidad –léase encuestas– y garantía de triunfo en este caso para el PRI al que impulsa el actual ocupante del palacio capitalino.

Javier fue claro: el proceso de sucederlo no es de cuates, sino de evitar el arribo de la oposición a la gubernatura de Veracruz; es decir al sector, al grupo, a la visión de poder que él representa.

Otra lectura: el principal enemigo del PRI es Miguel Ángel Yunes y hay conciencia de que un PRI dividido le abriría las puertas al PAN.

Otro dato surgido durante la comida con Brito: Reynaldo Escobar Pérez iría al Consejo de la Judicatura como representante del Poder Ejecutivo.

Dicho, otra vez, por el invitado especial.