“En La Jornada, el periodista Julio Hernández López, escribe que: “con delicadeza fue narrando una conmovedora historia de superación personal (ninguno de esos contendientes predeterminados para ser derrotados tuvo el valor de denunciar que la pelea estaba arreglada, confiados tal vez, según versiones de los organizadores de la tanda, en posteriores premios de consolación), hasta llegar al momento cumbre por todos tan esperado, cuando Eddy Medina Mora borraría de un plumazo los asomos de un pasado cuestionable, plantearía los retos de un porvenir que a él le sonríe (quince años como ministro de la Corte, en algún segmento de ellos, tal vez como presidente de ese poder) y rompería las quinielas al resultar impensado ganador de un proceso democrático en el que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) cumplió las órdenes superiores, el Partido Acción Nacional (PAN) se acomodó […] y negoció algunas ganancias grupales […] y perredistas y otros opositores que también sumaron sus sufragios en favor del político que años atrás protegió y promovió laboralmente a Yéssica de Lamadrid Téllez, madre de un hijo que Peña Nieto tuvo cuando todavía estaba casado con Mónica Pretelini. Medina Mora bautizó a Luis Enrique Peña de Lamadrid, quien murió al año de nacido, e hizo a Yéssica su secretaria particular y directora de cooperación internacional en la Procuraduría General de República (PGR)”.