A quienes pugnan por hacerse de la Liga de Comunidades Agrarias, esa otrora emblemática organización de defensa campesina, lo único que les interesa son los márgenes de poder que permite ser su dirigente: posiciones políticas y un jugoso presupuesto proveniente de las alicaídas arcas estatales; por supuesto, también la oportunidad de allegarse terrenos de quienes por necesidad o ignorancia no pueden mantener en propiedad. Sobre beneficiar al desvalido del campo nada, esa no es una prioridad entre quienes forcejean por quedarse con el edificio y la Liga, paradójicamente los campesinos son accesorios porque no figuran entre sus prioridades sólo son pretexto para su modus operandi.