Nunca como en los actuales tiempos ha habido tanta burocracia dizque para “proteger al medio ambiente”, pero ni las oficinas del orden federal, ni las estatales y municipales han demostrado que desquitan lo que se presupuesta para su operación, son deficientes, displicentes y más que omisas en el cumplimiento de su deber porque el daño a la naturaleza es permanente sin que haya burocracia que lo impida. Un caso lo ejemplifica con claridad: el subdirector operativo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Héctor Andrés Rojas Carrizales, alerta sobre la tala clandestina en La Perla, municipio que ocupa “el primer lugar en tala clandestina”; atribuye al fenómeno a la actitud omisa de los ayuntamientos: “No veo de qué otra manera pudiera ser que desaparezcan árboles, si no existieran aserraderos clandestinos en La Perla, Nogales y Ciudad Mendoza”. El fenómeno no es nuevo y en Veracruz es más que alarmante porque el reporte señala que perdemos cada año 3 mil hectáreas de bosque, ¿quién lo impide?