Por Sabino Cruz V.
06 de marzo de 2015

¡Oiga! me imagino que ya está [email protected] de las manifestaciones de protesta que un numeroso grupo de artistas no subsidiados ha realizado contra lo que consideran un gravamen injusto a las presentaciones que potencialmente realicen, y que al parecer incluye el pago por colocar carteles en la vía pública o un porcentaje de la venta de boletos por cualquier diversión/espectáculo público, “sea teatral, deportiva o de cualquier naturaleza semejante, que se verifique en salones, teatros, estadios, carpas, calles, plazas, locales abiertos o cerrados, en donde se reúna un grupo de personas”.

En respuesta a los demandantes, el pasado miércoles 4 del mes y año que corre, don Américo Zúñiga Martínez, alcalde de la capital veracruzana, se comprometió crear el Consejo de Promoción Cultural de Xalapa, para que tengan voz en las políticas públicas culturales que lleva a cabo la administración municipal; amén de reiterarles que no hay modificación en el régimen de impuestos que desde hace años fue aprobado por Cabildo.

Medida que habría que esperar si se cumplen al pie de la letra, y si en verdad esto trae beneficios tangibles para la comunidad artística avecindada en Xalapa; sin embargo esto no significa la solución, desde la raíz, a un problema añejo: me refiero al inexistente/inoperante diseño de una política pública en materia de cultura de la administración que preside don Américo. Una política que promueva, difunda, capacite, financie algunas de las manifestaciones simbólicas adjetivas.

Como tampoco atiende la falta de un espacio digno, con los más altos estándares de calidad visual y sonora, de fácil acceso para todos, que enorgullezca a los habitantes a la ciudad. Un recinto teatral que posicione nuevamente a la entidad como origen y destino de hombres/mujeres que tienen en su hacer creativo la forma de ser/estar en el mundo. Un centro en el que converja la necesidad de una comunidad por el goce/disfrute de una expresión inmaterial y la capacidad/habilidad de creativos.

Así también no estoy seguro que tanto la creación de un Consejo para la Promoción Cultural de Xalapa, como la exención de impuestos haga que mejore la calidad de los productos escénicos, los cuales desde hace décadas han perdido competitividad, no tienen nada de vanguardistas e innovan, y mucho de ellos son productos remasterizados. De igual manera no estoy seguro que con el cambio de doña Noemí Santa Brito Gómez, titular en la coordinación de Arte, Cultura y Deporte, las cosas mejoren.

Pero de lo que si estoy seguro es que el apellido, compadrazgo, favoritismo o compromiso político no ayuda en nada al bien común; que la práctica ofensiva de colocar en puestos directivos a personas incompetentes, que se creyó desterrada en los dos gobiernos de la alternancia y que hoy tiene nuevamente sentados sus reales en suelo jarocho, debilita las instituciones, enciende los ánimos e incita al levantamiento social.

Denuncias/reclamos como los que enarbola el grupo de Artistas en Libertad son apenas el eslabón de una larga cadena de reclamos, que quizás tengan su origen allá por la década de los ochenta con la defensa del arte encabezado por los artistas e intelectuales de la ciudad. Reproches que más allá del no pago de impuestos, sino más bien van por la creación de una administración cultural incluyente, equitativa, propositiva, con visión, pero principalmente con capacidad de gestión.

Tanto los Artistas en Libertad, como todos aquellos que de manera solitaria trabajan por la construcción de ciudadanos sensibles, quiero pensar que su reclamo va por la inteligencia, capacidad y honestidad de quien esté a cargo de una coordinación/dirección de dependencia cultural, por la optimización de recursos; y en contra de la ignorancia, impericia y estulticia del “príncipe” y sus ayudantes.

Comentario Breve

En su cuarta emisión, el Festival Miguel Vélez Arce, en nada contribuye a la memoria de quien llevó la danza escénica folklórica a una opción profesional. Tanto los eventos dancísticos como la exposición de trajes regionales que se presentan, en nada difieren de una festival de fin de cursos de un centro cultural del IMSS.

La pobreza creativa de sus organizadores y directos no hace más que evidenciar la el grado de descoordinación que hay entre los grupos artísticos subsidiados y la dirección de difusión cultural de la Universidad Veracruzana.

Tanto es el grado de separación/interés de parte de los funcionarios, que en la reciente presentación del Mariachi Universitario, la mala calidad del sonido, más la pobre iluminación y escenografía, devino en un espectáculo pobre en calidad, poco/nada original y con un viso de improvisación.