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Por Flavio Morales Cortés
7 de marzo de 2015

Parece que la indiscreción del presidente Fernando Perera Escamilla es el clavo que faltaba para sellar su ataúd en la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH). Durante las últimas semanas se ha dedicado a externar, a cualquiera que acepte escucharlo, que su permanencia en la Comisión está garantizada, porque cuenta con la bendición incondicional del obispo Hipólito Reyes Larios.

Reyes Larios es a quien Perera Escamilla ha adjudicado su padrinazgo en el proceso en el que resultó electo ombudsdman de los veracruzanos y es a él, por encima de cualquiera, a quien le tiene encendidas literalmente todas sus veladoras con la súplica de reelegirse un periodo más.

La CEDH simplemente no existe en Veracruz. En los casos de asesinatos y/o vejaciones a los derechos de los periodistas, jamás realizó un pronunciamiento contundente, mucho menos emprendió acciones para respaldar a las víctimas.

Recientemente, las internacionalmente reconocidas Patronas, han denunciado que los migrantes jamás se acercan al organismo porque lo que ahí priva es la lentitud para desahogar las quejas y, casi siempre, duermen el sueño de los justos.

A inicios de esta semana que concluye la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) presentó al Senado de la República un informe en donde señaló que los menores infractores internados en el Centro de Tratamiento Interno para Adolescentes de Veracruz (Ciudad de los niños), padecen maltrato físico y psicológico por parte de servidores públicos.

El documento refiere que, durante febrero y marzo de 2014, personal de la CNDH visitó y supervisó 56 centros para adolescentes que han infringido las leyes penales, en las 31 entidades federativas y el Distrito Federal, para examinar el trato y las condiciones de detención de los menores recluidos.

El informe de la CNDH refiere que el trato que reciben los menores recluidos, entre otras entidades en Veracruz, contraviene diversas normas nacionales e internacionales en materia de derechos humanos.

De esto, ni por enterada la Comisión Estatal que preside Perera Escamilla, quien una vez que trascendió el referido reporte, salió a declarar que este informe que en el nivel nacional ya se ventiló, él lo dará a conocer “en el 2016”.

Lo anterior es una muestra del porqué los veracruzanos en los últimos años se brincan el obstáculo que representa la CEDH y prefieren acudir directamente a la instancia nacional, lo que convierte a este organismo local en una simple oficialía de partes, un monumental archivo muerto.

En el plano nacional ya se sentó el precedente, hace unos meses, cuando Raúl Plascencia Villanueva, con todo su descrédito a cuestas pretendió eternizarse en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sin embargo fue bochornosamente relegado para dar paso a la renovación.

Con esto, Fernando Perera debería poner sus barbas a remojar pues ese parece ser su destino, labrado con deméritos propios. Hace unos días un portal de noticias digital dio a conocer una encuesta demoledora, en la que más del 80 por ciento de los veracruzanos dijeron ignorar quien es el defensor de sus garantías, a quien parece no le bastaron 4 años en el cargo al menos para darse a conocer.

Pero todo esto es pecata minuta por supuesto, cuando se está tan bien con Dios y con el Diablo, ¿o no?

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