Por Silvia Núñez Hernández
11 de agosto del 2015

El adeudo del gobierno de Javier Duarte de Ochoa mantenía con la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecade), el cual debió ser finiquitado el 8 de diciembre del 2014, y que ascendía a medio millón de dólares, pone en riesgo a los deportistas mexicanos al verse limitados a participar en la justa deportiva Toronto 2015.

El fastrack del gobierno duartista para pagar, que hasta tuvo que sacar su “morralla” para al menos pagar 161 millones de dólares a Héctor Cardona González, que se le fue –como popularmente se dice– al mal gobierno veracruzano exigiendo la paga. Más tardó el titular de la Odecade en acusar a Javier de Duarte de “mala paga”, que Harry Grappa en salir a decir que ya se había subsidiado todo el adeudo.

Para vergüenzas. Ahora esperemos que también les paguen a todas las personas que prestaron sus servicios durante los JCC 2014, pues el día de ayer tuvieron que hacer acto de presencia en las instalaciones del Instituto Veracruzano del Deporte (IVD) para reclamar que les paguen lo que deben.

Es inaudito que no exista voluntad política para demandar un proceso legal en contra del gobernador del estado, Javier Duarte de Ochoa, quien mantiene al estado en una de las peores crisis financieras nunca antes vista. Los datos duros ya hasta es absurdo exponerlos en una columna, sabemos que estamos en el país, donde los corruptos son protegidos integralmente y de forma natural por toda la clase política, sea del partido que sea.

Un ejemplo lo podemos concentrar en la indignante actitud de los senadores del Partido Acción Nacional –qué pedirles a las corrientes partidistas satélites– que sin considerar el esfuerzo que realizaron intelectuales y la sociedad mexicana genuina quienes lograron obtener 51 mil firmas por medio de www.change.org, votaron a favor de que el corrupto y principalmente vejador de los derechos humanos, Eduardo Medina Mora no fuera el Ministro de la Suprema Corte de la Nación.

Lo peor amable lector, quienes vivimos en este país corrupto, sin oportunidades, sin esperanzas y sin rumbo, no existe castigo para los corruptos servidores –vividores– públicos. Aquí se protege al indiscutible delincuente y se persigue a quienes de una manera u otra escriben en contra de los priístas enquistados. Observamos la forma de como líderes partidistas como Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre utilizó su paso en la dirigencia del PRI del Distrito Federal para establecer una red de prostitución. Ante esto existe la posibilidad que el tricolor pierda votos en las siguientes elecciones. Pero siempre hay “masas” marginadas que por 20 pesos lo venden.

Cuando vemos a un presidente de la República que se sirve con la “cuchara” grande y edifica de manera cínica y vulgar una mansión con todos los lujos con un costo de siete millones de dólares. Residencia que él jamás en su patética vida podría haber pagado con sus propios medios. Un presidente de la nación viaja en un avión Dreamliner 787-8 equipado de súper lujo con un costo mil 733 millones de pesos, los cuales serán pagados por los mexicanos –pero que no tienen ni derecho a tocar una de sus hélices– en un plazo de 15 años.

Los legisladores tanto federales –cámaras alta y baja– como locales funcionan en el mismo esquema. Se sirven del plato más grande. Ninguno se salva, todos los partidos político no son de fiar. Todos absolutamente todos los que integran la diputación local, federal o senadurías, no merecen estar en el lugar que vorazmente ostentan.

Veracruz no se queda atrás. También se cuenta con un político realmente sin capacidad para serlo. Su transitar por el poder se ha visto delimitada por el hambre que mantiene para poder “joder” a todo lo que se mueva en el estado. No hay dinero que le alcance y es tanta su negligencia, falta de criterio, que el ejecutivo estatal intentó hasta defraudar a la Odecade.

La polución en la clase política es tan irritante que no existe ya un término de clasificación u ofensa que alcance para poder referirse a ellos. El problema amable lector que muchos ciudadanos creen que esto es algo “natural”. No se molestan tan siquiera en pensar por un momento o criticar este mal gobierno. Es alarmante el conformismo, la apatía y en otras ocasiones la cobardía, acto que los mantiene sin empleo, sin oportunidades, viviendo en las peores condiciones y comiendo lo que se puede.

 

Llegó la justicia de los hombres

 

El día de ayer se dio a conocer por parte de la defensa el veredicto en contra de Juan Carlos Bravo Soriano, cirujano del Hospital de Alta de Especialidad de Veracruz que ultimó en el quirófano y le causó la muerte a Luciano Enrique Ayil Gamboa. El auto de formal prisión es un gran logro para la viuda, María Teresa Rodríguez Durand, sus dos hijos y los hermanos del hoy finado.

Fue una justicia de los hombres, la cual estuvo plagada del tortuguismo e irregularidades por parte de la Fiscalía General de Veracruz –antes Procuraduría General de la República- a cargo de Luis Ángel Bravo Contreras. Cuando se refiere a proteger a “su gente” es muy efectivo.

Sabemos que la “Justicia Divina” es más contundente. Sabemos que así como le llegó a Emperatriz Carlota López Hernández el cobro de factura al perecer en manos de un corrupto cirujano plástico–al cual le ella le paró muchas negligencias- es un pase de factura. El que la haya asesinado de la misma forma que Juan Carlos Bravo Soriano asesinó a Luciano Enrique Ayil Gamboa, es muy relevante para quienes hemos tenido que padecer el proceso legal en contra del galeno.

Derivado de que el Código Penal de Veracruz le concede llevar su pena en libertad, bajo fianza, siempre y cuando la ley federal le conceda el amparo. El mensaje gentil lector es sencillo de parte de la familia de Luciano Enrique Ayil Gamboa, quienes decidieron valientemente hacer a un lado el dolor de la pérdida para demostrar a la ciudadanía que debe de proceder legalmente ante situaciones de negligencia médica. El impedimento a que este sujeto se vea impedido en continuar operando personas y ponerlas en riesgo, era un factor importantísimo. Ya no podrá asesinar más.

Un gran logro indudablemente. Nada restituye el daño, pero en pro de su memoria, hoy su familia ha logrado alcanzarle la justicia que merece se haga. No cualquiera señores, no cualquier persona se introduce en el mundo jurídico en pro de algún familiar que muere en manos de un carnicero.